Asolearse en Palacio Nacional

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No sabemos las razones de la persona para asolearse por una ventana –que no balcón, es cosa de ver de nuevo la arquitectura a ese nivel del Palacio Nacional, opositores– y francamente, no deja de ser extraño y completamente inadecuada su conducta.
¿Prohibido? Según se vea. ¿Adecuado? Francamente, tampoco lo es. Uy, es que parece que con Morena nada está a salvo, usan el patrimonio de manera inadecuada. Mire usted, ya que antes con el PRI o el PAN, sí respetaban. Pareciera que la moraleja es sencilla pero es apresurada. Dejemos de lado usar el Castillo de Chapultepec para cenas  (PRI) o para presentar autos del año (PAN) en el Museo de Antropología. No sea que se muerdan la lengua los opositores adelantando juicios e insinuando cosas con el incidente de la asoleadera.
Dejémonos de esos detalles. Sí, la posición de la persona y el uso del espacio son indecorosos, reprobables, inadecuados, fuera de lugar. A tomar el sol al parque. El más cercano que le quedara de Palacio Nacional. Así de sencillo y sin tanta alharaca.
Sí, Presidencia debía de saber que los ojos están puestos siempre en cuánto haga o tenga bajo su mando. La fachada de Palacio Nacional, desde luego. Así son las cosas.
Dicen que el hecho sucedió el 20 de marzo. Costó 10 días admitir que sí era verdad. Presidencia antes de precipitarse a desmentir algo, debiera verificarlo, sin duda; y es el riesgo de dar diario conferencias de prensa. Hasta los temas más inverosímiles requieren una desgastante declaración de la mandataria y el innecesario desgaste gastando pólvora en infiernitos –porque ya de por sí el hecho lo es, ya es mucho atender un tema que sucede en el inmueble que ocupa, lo que supone atención desgastante y porque por rauda velocidad primero se desmiente, para luego admitirlo abonando a un desgaste innecesario– y, por supuesto, es la ocasión más propicia para lanzarse los opositores sobre Villamil y sobre todo el equipo de comunicación de la presidenta. No les perdonan que tengan el poder y se lo cobran. Lo que se dice hacer leña del árbol caído.
Por eso, ponemos el acento en la persona asoleándose, que es el origen de todo. Tan malo que Presidencia lo desmintiera sin corroborar de verdad, como tan malo que los opositores aseguraran sin pestañear que era Sheinbaum. Ambas partes han cometido un error. Ninguna sale bien librada ni exculpa a la otra.
Esta persona vuelve a poner el acento en el punto inicial, porque la causa de la causa es causa de lo causado: ni todo vale ni era el lugar propicio para tomar el sol. A tomar el sol al parque. ¿Qué han sancionado a la persona sin normatividad previa? Qué pena que no sea así. Aplica en su contra desde los lineamientos de uso de Palacio Nacional, escritos y los que obedecen a su tradición más acendrada y sabida  –una curaduría de por medio, cabe recordar,  y nadie ha podido decirnos que sí se incluya o no en lo prohibido tomar el sol o como cosa permitida o no a costa del inmueble y tal persona en posición desenfadada tipo veranito sabroso en la playita– como para suponer que no hay falta sancionable. Es sancionable la conducta. Y no sale de un ámbito estrictamente laboral. Y no han podido decírnoslo así de fácil, opositores, con la ley en la mano porque están más preocupados en tirarle tierra a Villamil y cía.
Ya no digamos la ausencia de decoro y la probidad que han de imperar en el centro de trabajo como mandata la Ley Federal del Trabajo. Sí, sí que ya luego podemos también invocar la otra ley, la de los trabajadores al servicio el Estado que no contraviene lo que marca la LFT en materias de probidad y uso adecuado de los centros de trabajo. ¿Tomar el sol con las piernas al aire? Anda ya, cuánta permisividad. Se equivocan. No era el lugar idóneo.
Y por supuesto, el más elemental sentido del saber estar, de no perder el piso, de sentarse bien, siquiera, y de que creerse que “todo vale” no siempre es lo mejor. Justo, por tratarse del Palacio Nacional, aunque para algunos escandalizados con la imagen en otras oportunidades digan que solo son piedras, un lugar que hasta donde se sabe no está diseñado ni destinado a que alguien abra la ventana, suba los pies en la cornisa y a tomar tan ricamente el sol porque se le antojó, porque se cree con derecho a, porque cree que todo vale y le dio su regaladísima gana. Al fin que lo que hay en México es de los mexicanos, faltaba más. Pues sí, es una mentalidad mediocre y muy reprobable.
¡Qué no! apreciables lectores, que no todo vale. ¿Qué le dieron ganas de asolearse y se preguntó por qué no y lo hizo cómo lo hizo? pues que se contenga y busque el sitio adecuado. A valores entendidos el que escogió no lo es. ¿O hay quien requiere que se haga un tratado para explicarlo el porqué no?
Y sí, listado de prohibiciones tan específicas ad infinitum, acerca de usos inadecuados de patrimonio nacional, no existen. Como el de esta persona, no. Se lo aseguro. Mas no implica que el uso dado al inmueble fuera pertinente y adecuado. El más elemental sentido común es lo mínimo invocable, por favor. No hay que hacerse tontos. A ver si nos van a salir conque la persona asoleándose no distingue el blanco del negro o está en la edad del desarrollo del libre ejercicio de la personalidad. Está claro que si era empleada de Hacienda, no le estaba dando ese trato prodigado al inmueble. Así fuera su hora descanso. No la exime.
Ya nada más faltaría leer eso para victimizarla y para justificar a la persona. Y en cuanto a la Presidencia y su equipo, lo dicho: que verifique lo que sucede bajo sus narices; y a los opositores que no dejan pasar ni un pelo, ya son viejos conocidos, por lo cual su mezquindad a nadie extraña.