Salvajismo

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La radicalización promovida desde Palacio Nacional está cobrando sus facturas. Es el enfrentamiento social, es la agresión contra candidatos, es llegar hasta las amenazas. Lo advertido por Félix Salgado Macedonio y Mario Delgado a los Consejeros del IFE quedó como una muestra primitiva de bravuconearía que en el límite puede llegar a poner en riesgo la integridad personal.

Hace unas horas pudimos observar cómo a un aspirante en Chiapas, Juan Manuel Camacho (hijo de Manuel Camacho Solís y primo del exgobernador Manuel Velasco) fue rodeado por una serie de ciudadanos hartos de mentiras, de engaños, de estafas. Le reclamaron y más tarde le colocaron una cuerda al cuello con la intención de colgarlo de un árbol. Apenas esta semana escribí en mi colaboración que la desesperación por hambre, por carencia de empleo y la creciente violencia están despertando a un México bronco que pudiese conducir al país a una vorágine de pleitos postelectorales.

Las aguas en Palacio Nacional no ceden, por el contrario. Morena está perdiendo mucho terreno y el presidente la confianza mayoritaria. Llamar a la persecución de opositores sin pruebas, alternar discursos ofensivos y agresivos contra funcionarios públicos y diseñar estrategias de responsabilizar a la sociedad en la toma de decisiones que corresponden al Ejecutivo Federal están llevando la situación al extremo. AMLO ha declarado que no se presta a fotografías en zonas de desastre porque eso es una trampa del conservadurismo. “Al carajo” exclamo. Pero AMLO como candidato era eternamente feliz acercándose a delincuentes como los Abarca en Iguala para que las fotografías aparecieran en los medios y favorecer a sus incondicionales en el manejo de los presupuestos. El presidente tendría como obligación moral (ese término le gusta a AMLO) acompañar a las víctimas de atentados y accidentes.

Su solidaridad tendría que ser ejemplo. En el momento de enterarse de la tragedia de connacionales su primer reflejo tendría que ser buscar a las familias afectadas, ofrecer un mensaje conciliatorio a la nación, emprender planes de auxilio, llamar a los responsables y tomar las acciones legales correspondientes para sancionar a los negligentes y omisos. Sin embargo muestra una línea contraria.

Protege a los suyos, solo a los suyos no importa sin presentan antecedentes de ilícitos en la administración pública o si con sus determinaciones han provocado la muerte de otras personas. Nadie más que el gobierno ha despertado la bestia en Guerrero y permitió que las riñas internas entre morenistas impactarán hasta personajes como John Ackerman y su esposa Irma Eréndira Sandoval. La soberbia incluso permitió que la hija de Salgado Macedonio ni siquiera acudiera al debate entre candidatos a la gubernatura del Estado. En Tamaulipas la cosa está que arde por la presión presidencial contra el gobernador y el extraño silencio de la alianza de gobernadores.

En Campeche Layda Sansores continúa en campaña mientras se presentan documentos incriminatorios en la contratación de obra pública. En Sonora, Alfonso Durazo, desafía la inteligencia de la comunidad presentándose como el ideal, el político honesto, cuando dejó un registro oficial de homicidios en el país como nunca antes.

Aquí en la CDMX el desempleo galopante y el desplome del Metro que reducen las posibilidades de sostener a Morena en el poder. Grave pues que a un candidato se le intente ahorcar pero más grave es evadir el tamaño de conflicto que se ha creado. Siguen insistiendo en provocar a la población por las vecinas elecciones. Mejor que lo piensen dos veces a nadie conviene la violencia. A nadie.

Conductor del programa Va En Serio mexiquense tv canal 34.2