Camino democrático

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Si bien fueron importantes loa ajustes en la redistribución del poder por las elecciones del domingo 6 de junio, el punto central radica en la institucionalización de la democracia como mecanismo procedimental para elegir y cambiar gobernantes.

Los reacomodos de grupos son consecuencia de que la vía electoral es funcional. Lo que hay que cambiar son las formas de organización de las elecciones, de funcionamiento de los partidos y del INE que no fue capaz de evitar la violencia política.

El saldo electoral fue el previsible: hubo ganadores y perdedores, y ganadores que perdieron y perdedores que ganaron.

El saldo más importante fue la polarización institucional: Morena-Verde-PT frente al PRI-PAN-PRD-COPARMEX. La falta de ideas fuerza ha llevado a la multiplicación de partidos, pero con el riesgo se que lleguemos a una sociedad-archipiélago o islas aisladas sin capacidad de entendimiento.

El otro dato importante dl 6 de junio fue el corrimiento del centro del poder de las mañaneras presidenciales a los equilibrios de poder en el Congreso. La oposición no pudo quitarle a Morena la mayoría absoluta de 51% suficiente para modificar leyes, pero la alejó de la mayoría calificada de 67% para cambiar la Constitución. Ahora todas las fuerzas políticas están obligadas a negociar o a operar sobre sus márgenes de poder.

Finalmente, el escenario electoral fijó con claridad las propuestas formales: Morena con el proyecto popular del presidente López Obrador, basado en la reconstrucción del Estado y en los objetivos de bienestar social de sectores abandonados y la oposición PRI-PAN-PRD-COPARMEX con la bandera del Pacto por México 2.0 de globalización privada de la economía.

Sea uno u otro, el principal desafío está a la vista: una tasa promedio de PIB de 2% anual para los próximos diez años, cuando la sociedad necesita de tasas de 6%. Y hasta ahora ninguna de las dos propuestas tiene propósitos de llegar a esas metas.

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@carlosramirezh