Sucesión 2024, ya está aquí; el ventilador y la mierda

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En la antigua Grecia, Aristóteles, definía al Hombre como un animal político, cuya misión principal de vivir en sociedades organizadas políticamente era lograr la felicidad de sus ciudadanos.

Y bien, la única diferencia de las personas con los animales, como especie, es la palabra, nos decía Ricardo Garibay a un grupo de incipientes periodistas mientras se nos caía la baba cuando lo escuchábamos hablar.

En una de sus charlas sobre la diaria escritura, García Márquez le decía a Julio Scherer: “Hay que tener cuidado cuando se habla o se escribe. Los periodistas y los políticos son proclives a poner adjetivos y nunca falta alguien que los recoja y se los embarre en la cara como la mierda”. Exacto. La palabra es sagrada. En Juan 1:14, dice la Biblia que la palabra es Verbo y que Jesús es el Verbo de Dios y que la Palabra representa a Dios ante los creyentes y a los creyentes ante Dios.

Hasta ahora no conozco a ninguno de nuestros políticos que honren a la Palabra ni que nadie de estos le dé el valor en su justa dimensión. No se trata de un mero asunto de semántica, sino de una simple connotación lingüística. Ahí tenemos a Obrador todos los días deshonrando a la palabra. Un presidente que en lugar de trabajar, se dedica a la politiquería. Cuando el tabasqueño habla, prostituye a la palabra con sus insultos que terminan por convertirse en chillidos. Palabras convertidas en simples diatribas para injuriar o censurar.

Tenía razón Garibay. Hay especies que no evolucionan. Políticos primitivos que se niegan a extinguir como ciertos fósiles.

Al igual que el poeta Gabriel Zaid, quien lleva un puntual registro de los insultos de Obrador, el escritor Carlos Monsiváis consideraba que el tabasqueño no ameritaba consideración alguna por su comportamiento absurdo cuando habla. “El peor retrato que (Obrador) da de sí mismo, es con cosas tan absurdas como ‘cállate chachalaca’”.

(https://www.proceso.com.mx/nacional/estados/2006/5/4/el-peor-retrato-de-amlo-es-el-que-el-da-de-si-mismo-monsivais-43210.html)

Por esa maldita costumbre de insultar por insultar, Monsiváis desconfiaba de Obrador, aunque muchos de sus “viudos” que se siguen amamantando del legado del cronista, insisten en presumir que éste era afín a la candidatura del tabasqueño. Falso.

Carlos Fuentes –quien se refería al “comandante” Hugo Chávez como un “payaso continental” – se inclinaba al igual que Monsiváis por Marcelo Ebrard. Mientras Fuentes alababa a Marcelo, a quien veía como un político “socialdemócrata”, Monsiváis se pitorreaba de Ebrard. Decía: “Marcelo, es muy inteligente, nada más que no lo quiere demostrar”.

El escritor René Avilés Fabila, uno de los fervientes críticos de Ebrard, lo veía como un “demagogo perfecto”. Un “engañabobos” inescrupuloso.

Cuando Ebrard se proclamó en 2006 como uno de los precandidatos presidenciales de la “izquierda”, Avilés Fabila un intelectual formado desde su juventud en la izquierda y con un amplio conocimiento del marxismo-leninismo, y que por dignidad dijo adiós a la militancia, además cercano a José Revueltas, escribió: “No deja de ser grotesco y ridículo que Marcelo se sienta hombre de izquierda cuando nada en su formación y estructura política así lo señala”.

A diferencia de Claudia Sheinbaum –su archirrival en la disputa por la candidatura presidencial para relevar a Obrador– Marcelo Ebrard no pertenece a Morena. No está afiliado al partido y él mismo se ha encargado de formar su propia cofradía, dentro y fuera de esa organización.

Los intereses de Marcelo no son los de Morena, quizás eso en alguna momento le valgan, si Marcelo por fuera de Morena pero con el apoyo de Obrador y un tanto con el apoyo de algunos grupos morenistas busque con miras al 2024 la candidatura presidencial, bajo el disfraz de presentarse como un “candidato independiente” en una maniobra gatopardista.

Por ahora, Marcelo y Claudia protagonizan un episodio deleznable. Se trata de una auténtica guerra de palabras. Palabras filosas como cuchillos. Más que “fuego amigo”, ambos le han puesto ventilador a la mierda en su aferrada disputa por el poder.

El reportaje del New York Times sobre las responsabilidades morales y políticas por las fallas de la línea doce del metro que provocaron un mortífero accidente (con una treinta de fallecidos y un centenar heridos) que señalan a Ebrard y al magnate Carlos Slim como los principales responsables, no deja, tampoco, libre de culpa a Sheinbaum.

De ello hablaremos mañana, aunque no está de sobra señalar que la jefa de gobierno de la ciudad de México poco o nada tiene que hacer frente a Ebrard en una hipotética decisión en la que Obrador llegará a inclinarse por ella.  Marcelo ha llegado hasta la humillación ante el tabasqueño como un auténtico second choise, papel que reniega a seguir aceptando.

Mientras Obrador insiste en el sueño guajiro de la reelección, pese al resultado de la reciente elección que le quitó el control de la Cámara de Diputados y de paso le frustra sus aspiraciones de ampliar su mandato, el tabasqueño empieza a resentir los primeros efectos de la rebelión en su granja con dos de sus más cercanos que le hablan al oído, como una señal de que la sucesión con miras al 2024, ya está aquí, ya llegó.

Y justamente, como lo apunta el NYT, el tema del Metro está marcando la agenda de la sucesión.

Al final, Marcelo y Claudia sabrán sobre el valor de la palabra de Obrador, como apuntábamos al principio.