Lo que el gobierno de la Ciudad de México no quiere que sepas: Parte 2. El Seguro

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Y de pronto, como si fuera un acto de magia, resulta que lo dicho por la empresa DNV ahora es irrelevante, la causa del accidente no fue la falta de pernos Nelson, no fue que se utilizaran diferentes tipos de concreto, no fue que hubiera cordones de soldadura sin terminar, ahora el argumento oficial es que al ser una falla estructural no hay culpables.

Al parecer la reunión que hubo en el Palacio Imperial de la Ciudad de México, si ese, donde vive el pequeño dictador, entre Claudia Sheimbaum, Carlos Slim y el presidente, se concluyó que el peritaje debe dejarse de lado y que simplemente Carlos Slim debe apechugar con el costo de las reparaciones.

Para el dictador no es importante que haya justicia para las víctimas del “incidente”, tampoco es importante determinar quién de su círculo de políticos y amigos no hizo su trabajo ya sea en lo referente al mantenimiento o la supervisión de la obra o en el diseño.

Lo importante es detener su caída de popularidad, cueste lo que cueste.

Se dice que la reunión se llevó a cabo dentro de un ambiente muy tenso, en la cual el presidente puso sobre la mesa las dos alternativas que a su juicio hay, la primera que Slim paga la compostura sin chistar y sin importar quién es el culpable  y posteriormente ya se vería como resarcir al industrial con sobre precios en algunas obras del gobierno federal, o bien, si Slim se negaba, en lo que resta del sexenio ninguna de sus empresas de construcción participaría en ninguna obra pública y toda la fuerza del gobierno se aplicaría para judicializar el “asunto” además de desacreditar a sus empresas.

Se dice que no valieron los alegatos de inocencia que esgrimió el empresario, la delirante “solución” del ejecutivo ya estaba tomada desde antes de la reunión.

Con este arreglo –yo lo llamo extorsión–, Slim pediría que se dejara de mediatizar el asunto y que la causa del incidente se manejara de forma que no se pudiera interpretar como un vicio oculto, mal diseño o cálculo imputables a él y su empresa.

¿El resultado?

Se cocina una enorme olla de atole para la ciudadanía y de la nada acuñan el término de Falla Estructural tipo 4T.

La definición que doña Claudia y el presidente dan al mágico nuevo término es:

Falla Estructural tipo 4T: Es aquella falla que por su naturaleza de inoportuna provoca serios daños a la imagen del presidente y debe cumplir con los siguientes criterios para ser invocada:

Que no se pueda culpar a Felipe Calderón

Que no se pueda culpar a Enrique Peña Neto

Que los únicos posibles culpables sean del equipo del presidente

Además de que para la 4T hay existe la teoría de que “cuando cae una obra y se presume mala ejecución por parte del contratista, mala supervisión por parte del estado y a la cual no se le da mantenimiento de ningún tipo, el único responsable es el usuario de la misma por seguirla usando a pesar del riesgo que eso implique”.

¿Pero de que sabor es la olla de atole que el gobierno preparó para “El Pueblo Bueno”?

El 6 de mayo se hizo público en Forbes que el Sistema de Transporte Colectivo Metro tiene vigente una póliza de seguros con Grupo Mexicano de Seguros (GMX) denominada “Seguro Integral STC” con un monto anual de 298.4 millones de pesos.

Este seguro paga la parte de la responsabilidad civil y daños en la obra.

Adicionales al seguro anterior la misma empresa tiene dos seguros más el “Seguro Integral GCDMX” y el “Seguro Semovientes GCDMX”, y si el Gobierno de la CDMX tiene asegurados a animales, lo que no nos queda claro es si incluye a los miembros del gabinete o a los políticos de Morena y, no se alarme estimado lector, el seguro viene a cuento porque hay muchos animales montados en el gobierno.

Hay que señalar también que la adjudicación del contrato a esta aseguradora no se hizo por licitación: fue, por extraño que parezca, por adjudicación directa, nada raro si sabemos que en este gobierno el 90% de los contratos de gobierno se hacen por adjudicación directa.

Tampoco debe extrañarnos que Grupo Mexicano de Seguros a partir de diciembre de 2018 a diciembre de 2020 tuvo un crecimiento en utilidades del 320%.

El caso es que de entrada el accidente de la Línea 12 del Metro debe ser cubierto, de acuerdo a las políticas de las aseguradoras, primero por el gobierno y posteriormente el gobierno es resarcido, previo ajuste, por el seguro.

Pero.

Y Siguen los condenados peros….

Si el seguro cubre los daños, por eso el gobierno paga anualmente los 298 millones señalados líneas arriba porque el dictador sale diciendo que todo está arreglado, que el malo, o sea Slim, va a pagar su fechoría de su bolsillo y así ni él, ni nadie de su equipo incluidos su delfina (de delfín) y su príncipe en Relaciones Exteriores deben preocuparse por el “incidente”, todos pueden respirar tranquilos.

El presidente presentó ante el pueblo al empresario culpable y lo hizo pagar de su bolsillo por su travesura y decimos travesura, porque contrasta mucho esta solución que da el presidente con la solución a un caso muy sonado de la escuela que colapso en el sismo del 2017 en Tlalpan, si en donde Claudia Sheimbaum era la Delegada y en donde, sin cuartel, se persiguió al  Director Responsable de Obra (DRO) y ahora es sentenciado a 208 años de cárcel, ¿por qué esta forma tan diferente de tratar casos similares?

Y hace tan solo algunos días que se avisa que la investigación de los peritos independientes de la súper empresa DNV además que con la solución del presidente sus resultados son irrelevantes, comunican que no hay fecha para la entrega del informe final.

No piensen mal –aunque sientan que es inevitable–, no piensen mal, el presidentito ahora erigido en juez ya dio la sentencia y listo.

Y el “pueblo bueno” se traga el sapo aderezado con un buen dedo con atole, de que hay un destino maligno que siempre hace pagar al más pobre, los más pobres son los que ponen los muertos, son los que si van a la cárcel.

El presidente y el dueño de la constructora Carso quieren partir desde la premisa de que al ser “una falla estructural” no se podía anticipar la catástrofe.

Pero ¿y el dinero del seguro? ¿Quién se lo queda? ¿Lo recibe el Gobierno de la CDMX y que hace con él? ¿Después se lo dan a Slim? ¿Se lo escamotean para la compra de votos del 2024?

Una cosa es cierta, si el presidente no hubiera intervenido el procedimiento sería así:

Se espera el dictamen:

Sin importar el resultado se entrega a la aseguradora, esta decide si procede el pago o no, y depende si el “incidente” es considerado en realidad un accidente imposible de evitar se paga, pero si se podía evitar entonces no paga.

Aquí hay que recordar que Ebrad reconoció poco después del accidente que él personalmente superviso la construcción de la Línea 12 apoyado de 300 ingenieros y el autorizaba cada movimiento.

Hay que recordar también que el mantenimiento de la obra civil le corresponde al Gobierno de la CDMX.

Si la aseguradora paga y considera que el accidente se debió a que hubo fallas en diseño o cálculo estructural, o no hubo mantenimiento entonces la misma aseguradora iría contra las empresas constructoras y las personas involucradas y las sometería a juicio para recuperar sus pérdidas.

En resumen, el asunto terminaría muy mal para el gobierno.

¿Pero realmente que pasó en la línea 12?

De esta novela de ambición y traiciones desmedidas aún quedan algunos capítulos.

Si quiere leer la primera parte siga esta liga

https://re-evolucion.mx/lo-que-el-gobierno-no-quiere-que-sepas-del-accidente-de-la-l12-parte-1-los-tornillos-nelson/ansporte

 

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