El mito del 2050

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Alejandro San Francisco

El 1 de septiembre de cada año los cristianos de todas las denominaciones celebran el “Día de la Creación”, dando así comienzo a un tiempo de reflexión que culmina el 4 de octubre con la festividad de San Francisco de Asís. Esta jornada, iniciada por el Patriarca Ecuménico Dimitrios I en 1989, aúna a las iglesias cristianas en la conservación de la casa común. La celebración de este año precede a la 26 Cumbre del Clima que se celebrará en Glasgow (Reino Unido) del 1 al 12 de noviembre. Debido a la relevancia de este encuentro las organizaciones sociales en defensa del medioambiente están preparando múltiples iniciativas en todo el mundo.

Recientemente se ha publicado el informe del Panel Internacional de Expertos sobre el clima con datos incontestables sobre el calentamiento del planeta. El estudio constata el aumento de 1,1ºC grados de media en comparación con la temperatura de la Tierra entre 1850 y 1900. Como consecuencia, los días más calurosos han aumentado su temperatura una media de 1,2 grados, las sequías se han duplicado y las lluvias torrenciales se han multiplicado por 1,3. Junto a estos datos, el informe realiza una proyección nada halagüeña para las próximas décadas. La ONU ha concluido que nadie se encuentra ya a salvo del cambio climático pues, de seguir la situación actual, la temperatura del planeta seguirá aumentando de modo continuado hasta 2050.

Según el mismo informe, uno de los focos principales del aumento de la temperatura está en las ciudades, en las denominadas “islas de calor”. Las causas son múltiples y cabe destacar la distribución de las edificaciones que no permiten una correcta circulación del aire, el uso de la calefacción y el aire acondicionado, los vehículos que funcionan con combustibles fósiles y algunos materiales usados en la edificación. Si algo hemos aprendido en este tiempo de pandemia es que muchas de las actividades que los ciudadanos realizábamos anteriormente, y que consumían mucha energía, ahora pueden realizarse de manera diferente. El uso de la tecnología ha demostrado que no es necesario desplazarse cientos de kilómetros para asistir a una reunión.

La Cumbre del Clima llega en un año en el que estamos sufriendo temperaturas extremas con incendios devastadores, con intensas nevadas y con lluvias torrenciales. La Cumbre de Glasgow debería exigir a los Estados que acepten en su legislación, y en su praxis, el estatus de “refugiado ambiental” que las ONG llevan reclamando desde hace años. No cabe duda de que los fenómenos climáticos extremos afectan gravemente el futuro de la población de los países que sufren conflicto bélico o están en vías de desarrollo.

Al igual que los ciudadanos hemos tomado conciencia de la necesidad de reciclar -basta con observar la diligencia con la que la mayor parte de la población separa los residuos- en la Cumbre de Glasgow también se debería pedir a los Gobiernos que reduzcan la inversión en grandes infraestructuras de transporte, que responden a un modelo económico obsoleto, y que inviertan esas ingentes sumas dinero en el fomento de la movilidad sostenible en las ciudades. Además, y viendo lo que está sucediendo en estos días con el recibo de luz, si se pretende incentivar el uso de vehículos eléctricos habría que garantizar a los ciudadanos la estabilidad del precio de la electricidad. El cambio para salvar el planeta es urgente ahora, no en 2050.

Historiador

Publicado originalmente en elimparcial.es