España se salvó del priista Quirino. ¿Durango lo hará de Espino?

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Quirino Ordaz sobra en Madrid. Lo sabemos bien. No tiene, como buen priista que es, méritos para ejercer el cargo de embajador, no trae credenciales. No pudo con Sinaloa, menos con una embajada. Nunca las ha tenido y por eso sorprende tanto no que López Obrador lo propusiera  como embajador en España careciendo de mérito alguno, sino que, además –y cabe subrayarlo– que se intentara desde el priismo y mientras ejerció de desgobernador, candidatearlo como presidenciable. Sí, los priistas se bebían los vientos por el tipo, suspiraban con su nombre, lo vendían como estupendo. Todos. Y pues, no lo es.

Deje usted que el priismo carece no solo de figuras presidenciables, de ideas básicas, lógicas que proponer, sino que, suponiendo que el presidente quería rebajar a un presidenciable (así vendido por los priistas hasta no hace mucho, recuérdese) va, será que eso explicaría y nada más, el premio. ¿Qué ayudó a Morena? Eso es subjetivo, es una apreciación rebatible. Acaso la ayudó sí, solo asumiendo que la ayuda fue por contrastar frente al PRI que mal gobernó Sinaloa y los echaron a punta de votos. Entérense los priistas de qué lleva a su derrota precedida de pésimos gobiernos.  Recuerden y no menosprecien al votante.

Porque ahora a Quirino lo abominan los priistas, veletas y camaleónicos tanto como impresentables, y se jactan con un infantilismo burdo tan propio del priismo, de que su anquilosado partido –que hoy se queda solo con 4 gubernaturas, el nuevo PRI, como símbolo notable y plausible de su decadencia y evidencia de sus pésimos gobiernos– que le negó el permiso para colaborar con el gobierno morenista. ¡Vaya con su amnesia selectiva! cuando alardeaban de jalarse al panista Lozano (des)Gracia como procurador en los accidentados tiempos del muy accidentado e impune gobierno zedillista de siglas PRI. El que dejó la peor devaluación de la historia de México en 94, también de signo PRI, que le costó la presidencia en 2000.

Así que… tantos moños y tanto pudor desde el priismo por no colaborar con un gobierno de signo distinto, no los tienen los priistas, y que engañen en ello solo a los desmemoriados o desconocedores de su pasado. Ahora, si resulta que es pésimo Quirino, según ahora los priistas ¿entonces para qué nos lo querían endilgar a los ciudadanos como candidato para 2024? Van entrampados en su propio marasmo de argucias. No cambian, no tienen remedio. Los votantes sí actúan.  Y el PRI carece de figuras para 2024.Alito es un chiste mal contado.

Ahora bien, afortunadamente entonces, Quirino no irá a España y eso es bueno para México. La verdad es que la embajada en Madrid no requiere de un priista, nuevamente. Hasta el panista Díaz Zermeño es más meritorio en su mar de mediocridad como embajador que fue en España,  que Quirino, así que al priismo decirle con toda certeza y prontitud que no se adorne, que no es para tanto.

Caso igual de evidenciador es el de Manuel Espino. Con Espino pasa como con Alfonso Durazo: ha abrevado de todos y se ha apeado a todos. Todos le han comprado el cuento y su percha, soberbia y altanera, ha vendido, inexplicablemente. En una grosera entrevista con Denise Maerker, el sujeto petulante negó ser arribista e interesado. En mar de contradicción argüía solo seguir a sus ideas. Qué plasta de tipo. Pues ¡vaya ideas! tan cambiantes e impredecibles;  si el PRI carece de ellas y es una pésima opción de gobierno para ser votada, Espino –cuyos méritos son bastante cutres y mediocres, cuestionables de cabo a rabo, aunque se enoje– francamente ha sido arribista y chaquetero, para usar los términos propios del argot político, nada más.

Es su derecho, indudablemente. El de los electores de mandarlo al Diablo en las urnas. Que esa es otra: con el elector al centro del debate y del análisis político –por encima de los nombres de politicastros de relumbrón y no poniendo entonces al centro a los políticos de toda laya– en Durango bien puede preguntarse qué le convenga más a Durango. Conste que viene de rateriles gobernadores priistas –esa maña incurable del priismo desfalcador y ahí Colima como terrible ejemplo de ello, la del priista que la deja endeudada con 11 mil millones de pesos, ¡qué barbaros!– como para que alguien pueda demostrar que Espino tiene méritos frente a un panista gris que ya se marcha y dejando a los duranguenses muy pocas opciones. Qué pena de tan extraordinario estado.

Lo de Colima explica muy bien porqué el PRI perdió en 15 gubernaturas, el 6 de junio. No sería por guapos.  No son estupendos y Alito sí un chiste mal contado. No lo olvidamos, no lo desconocemos y sí lo observamos con absoluto detenimiento, como para ni tratar de lavarle la cara a un partido sin remedio.

Cosas más importantes ocupan y preocupan a la población. La inflación anual a cerrar por encima del posible 7% nos evidencia que, aunque no puede afirmarse que hubo escasez y desabasto con la pandemia, el alza de precios es constante, alarmante. Y ni al gobierno federal y mucho menos a la oposición (porque de Lilly Téllez es imposible que vengan ideas cuerdas, sino solo sus alharacas) se les oye cómo atenderán en un programa amplio y profundo, la reconstrucción de la economía. Frente a eso solo importa, sí, tener presente al desfalcador PRI para que desestimemos intentos de presentarlo como sensacional, ya que no lo es, aparte de carecer de propuestas serias. Y los hechos lo delatan.

A todo esto, el caso de Echevarría en Nayarit es evidenciador. Evaluado como uno de los peores gobernadores (cerró con poco menos del 32% de aceptación) quedando en antepenúltimo lugar de una lista reciente, ofrecerle cargo desde el gobierno federal deja mucho qué desear. Si acaso fuera de los mejor evaluados, todavía podría considerarse adecuada la invitación, pero tal y como esta el patio, resulta fatal semejante ofrecimiento, por  vago que sea. Ojalá que el nuevo gobernador nayarita indague desempeño y procederes de este personaje.

Y a todo esto, recordarle al PAN que perdió Nayarit y Baja California Sur el 6 de junio, donde era alianza. Tampoco sería por ser magníficos. Si fuera mejores gobiernos, refrendaría oportunidades de continuidad. Y que el PRI insista en mejor candidatear a Del Mazo situado en el lugar 17, es necear y repetir el caso Peña que, en su día, cuando lo cacareaban, estaba en el lugar 16 como gobernador. Y así nos fue de mal.