Dedazo: implosión y crisis de la estructura presidencial de poder

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El dedazo como la figura simbólica del poder absoluto en México entró en una nueva fase de crisis y está minando los últimos resquicios del funcionamiento del sistema político presidencialista absolutista como régimen de gobierno.

A diferencia de otras crisis anteriores, ahora se trata de una implosión del mecanismo de poder y la reducción en automático de los espacios de dominación del presidencialismo absolutista por luchas dentro de la coalición gobernante.

La historia política del dedazo ha estado llena de anécdotas y conflictos en el ejercicio del poder, pero se superaron diferencias en tanto que los problemas surgieron en el momento de la nominación del candidato presidencial del partido en el gobierno.

Hoy, por primera vez, el dedazo estalla en crisis en el proceso previo muy adelantado de identificación de los potenciales candidatos oficiales a la presidencia. En 1987 De la Madrid perfiló conflictos en la nominación de Carlos Salinas de Gortari, pero Cuauhtémoc Cárdenas carecía de posiciones dentro del gabinete e inclusive apenas mantenía una presencia simbólica en el PRI.

En el 2000, el presidente Zedillo fue víctima de su desconocimiento de los tiempos políticos del poder y el PRI le puso candados a la candidatura presidencial exigiendo un cargo de elección popular; aún así, Zedillo pudo imponer la candidatura de Francisco Labastida Ochoa para bloquear los intentos de Roberto Madrazo Pintado y de Manuel Bartlett Díaz para hacerse de la nominación en el mecanismo de elección interna abierta, aunque facilitó la alternancia.

Con una separación estricta de partido y gobierno, Vicente Fox Quesada no pudo colocar a su esposa ni a Santiago Creel como candidato y Felipe Calderón Hinojosa le ganó la nominación en la votación dentro del PAN. Pero el propio Calderón, a su vez, tampoco logró imponer a su preferido Ernesto Cordero Arroyo y la candidatura la ganó en el PAN Josefina Vázquez Mota. Calderón ganó su propia elección, pero perdió la de su sucesión por acuerdos políticos secretos con Enrique Peña Nieto.

El poder político del presidente para designar de manera directa a su sucesor fue producto de la construcción de los pilares de poder del sistema político a partir de las enseñanzas autoritarias de Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez y Porfirio Díaz; y después por los mecanismos de poder que construyeron Venustiano Carranza con la Constitución de 1917, Alvaro Obregón con el caudillismo absolutista, Plutarco Elías Calles con la fundación del partido del Estado, Lázaro Cárdenas con el corporativismo de clases dentro del partido, Miguel Alemán con la prioridad del bienestar social por encima de la democracia y Díaz Ordaz con el puño autoritario.

La estructura de poder que sostiene el dedazo como facultad absoluta del presidente de la república para designar al candidato presidencial de su partido ha sido producto de la creación de un presidencialismo absolutista en varios tiempos:

1.- La Constitución de 1917 terminó con el mecanismo de intermediación de alrededor de 12,000 electores que votaban por el presidente de la república y pasó a la elección universal, secreta y directa del jefe del ejecutivo federal.

2.- El poder presidencial se construyó a partir de la centralización de tres instrumentos de dominación: el poder de la fuerza vía la entonces PGR y las fuerzas armadas, el poder del dinero a través del manejo presidencialista del presupuesto público y el partido como apéndice del Estado con el presidente de la república como el jefe máximo del PRI.

3.- El presidente de la República, a partir de este andamiaje institucional, ejercía su poder como jefe nato del PRI en la designación de candidatos a alcaldes, diputados locales, gobernadores, senadores y presidente de la República. En este sentido, el presidente del partido tenía una especie de cargo en el gabinete de poder presidencial y ejercía presupuestos sin límite.

4.- El presidente de la República centralizaba en el ejecutivo –Secretaría de Gobernación– la función de organizar las elecciones, vigilar la emisión del voto y contar los sufragios y la mayoría priísta en el Congreso daba el paso final como colegio electoral.

5.- El sistema político presidencialista autoritario tuvo mucho tiempo el control de las estructuras del poder social a través de la subordinación de sectores que no pertenecían de manera directa al régimen, pero que recibían apoyos subsidios y controles por parte del Estado. Se trataba de los sectores invisibles del sistema con hilos controlados desde el despacho presidencial: intelectuales, medios de comunicación, jerarquía católica, embajada de Estados Unidos, liderazgos y organizaciones empresariales, activistas, personal universitario y algunos otros grupos minoritarios. Era el sistema político definido por Mario Vargas Llosa como la dictadura perfecta y que respondía a la voluntad social de subordinación al liderazgo superior presidencial.

 

IMPLOSION DEL DEDAZO

Esta estructura de poder se expresaba en la decisión máxima del presidente de la República en su sexenio: la facultad metaconstitucional de ejercer todo su poder político para designar al candidato presidencial de su partido, creando un embudo institucional que garantizaba la estabilidad política a través de una distribución regulada del poder político.

Todos los presidentes han ejercido el dedazo con la argumentación política de que el jefe del ejecutivo decide en función de los beneficios de la patria, pero en el fondo la decisión tenía que ver con tres condiciones inflexibles para la continuidad política: la extensión transexenal personal del presidente, de su grupo y de su proyecto de gobierno.

El dedazo se magnifica con la designación del candidato sucesor, pero sin garantías concretas de cumplir con las tres condiciones porque los presidentes entrantes tienen que fundar su control político y capacidad de Gobierno en la asunción de un poder indivisible. Plutarco Elías Calles creyó que su poder presidencial era absoluto hasta que Cárdenas lo arrestó con una partida militar y lo subió exiliado a Los Angeles. En la práctica, ningún presidente ha sido la continuidad de su antecesor, aunque éste asume la decisión suponiendo la extensión temporal de su poder. En este sentido el poder de los presidentes es monárquico absolutista, pero sexenal.

El juego adelantado de sucesión presidencial por el presidente López Obrador ha tenido tiempos, espacios y circunstancias en los que se han advertido que el poder presidencial absoluto ya no existe. Excluido de la lista oficial de precandidatos, el senador morenista Ricardo Monreal Avila se autocolocó como aspirante por Morena, pero se ha encontrado con obstáculos: el presidente López Obrador lo asume como externo de Morena, Monreal estuvo a punto de perder el liderazgo senatorial por confrontar al gobernador morenista de Veracruz y la lista oficial de Palacio Nacional no lo sigue considerando.

Pero la decisión de Monreal de estar en la lista de candidatos en el 2024 fue un aviso de que el dedazo oficial tendrá un adversario.

El dedazo es un mecanismo de poder que se mantiene en función de equilibrios internos en la coalición dominante del gobierno en turno. Cárdenas demostró en 1988 que el dedazo no es infalible y con su candidatura independiente estuvo a punto de destruir el sistema político priísta. Los presidentes del corto periodo panista no pudieron ejercer el dedazo porque no lograron supeditar al PAN a las estructuras del Estado presidencialista y Peña Nieto supuso que el dedazo era una decisión mágica como en el pasado, cuando el destape del candidato presidencial representaba la elección del presidente y la campaña y las votaciones eran recursos de mero trámite.

La crisis del dedazo presidencial para 2024 estará determinada por la precandidatura presidencial de Monreal: si corre dentro de Morena en función de la voluntad presidencial decisiva o si opta por el camino de una candidatura independiente en alianza con partidos y grupos opositores al presidente López Obrador.

El dedazo fue un acto de poder que determinaba la capacidad de dominación del sistema presidencialista y que decidía la elección presidencial con el solo acto de escoger a su sucesor en la figura del candidato oficial de su partido. El punto clave de la existencia del dedazo se localizó en una decisión que llegaba a generar molestias, pero que respondía a una estructura presidencialista de poder que ya no existe.

En este contexto, puede decirse que el viejo mecanismo dedazo explotó al interior del grupo gobernante y esa implosión pudiera afectar los resultados del 2024.

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