De Tapados y Destapados: La sucesión de 1988

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Un antes de terminar su gestión como gobernador priísta de Michoacán, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano puso en 1985 en su mira política la presidencia de la república. El año fue clave: el gobierno de Miguel de la Madrid enfrentaba una nueva fase de la crisis económica inflacionaria, devaluatoria y los consensos priístas no alcanzaban para garantizar la estabilidad y el PAN avanzó a nivel municipal.

El responsable de la política económica delamadridista, inclusive desde el arribo de De la Madrid a la Secretaría de Programación y Presupuesto a mediados de 1979, era Carlos Salinas de Gortari y su equipo de tecnócratas y políticos encabezados por su súper asesor neoliberal Joseph-Marie Córdoba Montoya y el académico progresista Manuel Camacho Solís.

Muy a tiempo se tenía claro que el sucesor de De la Madrid era Salinas, aunque el veterano político Manuel Bartlett Díaz no perdía las esperanzas de que la crisis económica lo catapultará a la candidatura en función de la necesidad de alguien que conciliara con la clase gobernante.

En 1985, Cárdenas arrancó su precampaña con un discurso en un instituto de estudios de la Revolución Mexicana en Michoacán y ahí convocó a la recuperación del proyecto histórico de su padre. En 1986 fundó la Corriente Crítica con dos figuras priístas reconocidas: el ideólogo Rodolfo González Guevara y el echeverrista Porfirio Muñoz Ledo. Y en 1987 aprovechó la realización de la XIII Asamblea Nacional del PRI para insistir en su propuesta de que la candidatura presidencial del tricolor fuera votada por la base militante del partido.

La batalla por la candidatura se dio y se resolvió en esa Asamblea Nacional porque Salinas, como operador del proyecto de De la Madrid, acaparó la presidencia de todas las comisiones y evitó que el grupo cardenista tuviera espacios de proyección de sus propuestas. La victoria de Salinas fue contundente: el plan de gobierno que habían redactado economistas progresistas del postcardenismo fue tirado a la basura y en su lugar se colocó el Plan Nacional de Desarrollo 1983-1988 redactado por Salinas. Sin ningún espacio en el PRI, Cárdenas aceptó la candidatura presidencial que le ofreció el partido auténtico de la Revolución Mexicana –formado en su origen por militares del Estado Mayor Presidencial de Venustiano Carranza– y en automático quedó fuera del PRI.

Cárdenas logró desfondar al PRI de sus cuadros ideológicos y planteó una opción fresca frente al electorado, pero el control gubernamental de las elecciones presidenciales de 1988 lo tuvo en sus manos Bartlett. El resultado oficial, no reconocido hasta la fecha, le dio a Cárdenas el 31% de los votos y Salinas apenas pudo conseguir el 50.3%.

La disputa por la candidatura presidencial de 1988 representó la ruptura entre las corrientes históricas del PRI que habían resistido el movimiento pendular progresistas-conservadores y detuvo el poder en manos de los tecnócratas neoliberales que extendieron su poder hasta las elecciones presidenciales del 2018.

El rasgo particular de esa sucesión fue la disputa al interior del partido entre la clase política tradicional y los jóvenes economistas educados en universidades estadounidenses. Salinas realizo una profunda contrarrevolución ideológica y de élite en el PRI al modificar su programa ideológico para borrar el concepto de Revolución Mexicana e introducir el de “liberalismo social” y la casta política tecnocrática pasó a controlar el PRI y sus candidaturas.

En este sentido, la sucesión de 1988 fue una disputa por el rumbo ideológico del país y el relevo de la clase política gobernante.

 

Juego de las sillas

  • En 1988 el entonces activista priísta Andrés Manuel López Obrador fue convencido por Cárdenas de abandonar el PRI y participar como candidato del Frente Democrático Nacional a la gubernatura de Tabasco. El tabasqueño abandonó el PRI, se incorporó al PRD y llegó a ser presidente del partido en el periodo 1996-1999.

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