Crisis de sistema/régimen/Estado

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Todo proceso de sucesión presidencial implica un reacomodo de corrientes nacionales y de objetivos institucionales. Desde la elección de 1982 el país ha enfrentado en cada elección sexenal las circunstancias del agotamiento del sistema político/régimen de gobierno/Estado constitucional que construyó una clase política articulada desde la Constitución de 1917.

La elección de 1982 registro una triple ruptura en el proyecto nacional histórico: ideológica, por el posicionamiento beligerante del pensamiento económico neoliberal; política, por el reacomodo en la clase gobernante con la construcción de un cuarto sector corporativo: el de los burócratas tecnocráticos; y social, porque el Estado de bienestar popular fue sustituido por programas asistencialistas parciales solo para sectores marginados.

El proyecto neoliberal de gobierno sobrevivió hasta las elecciones presidenciales 2018 y la victoria del discurso social del expriísta Andrés Manuel López Obrador planteó el regreso al proyecto social de gobierno derrotado en 1982.

El sistema/régimen/Estado se movió en un escenario pendular con extremos que nunca abandonaron los compromisos y definiciones sociales y que limitaron luz alcances ideológicos del pensamiento económico conservador. En 1981, Carlos Tello y Rolando Cordera publicaron el libro La disputa por la nación para advertir la fractura histórica que estaba llegándole al país: terminar con el modelo pendular de conciliación de los extremos ideológicos y consolidar en México la ideología única del neoliberalismo económico, político y social.

A lo largo de 36 años, el neoliberalismo fue la ideología única del sistema/régimen/Estado, empujando a los progresistas a la oposición ideológica. Los resultados sociales del neoliberalismo salinista –75% de la población en condiciones de diferentes niveles de marginación y pobreza– encontraron el discurso social-popular de López Obrador y las votaciones del 2018 reformularon el equilibrio político. En el discurso, el gobierno de López Obrador ha mantenido el enfoque social-popular, pero en la realidad apenas ha planteado el regreso al enfoque pendular de gobierno ante la estructura institucional neoliberal que Salinas dejó muy atada y por la falta de un proyecto de desarrollo/política económica/Estado de bienestar que volviera a modificar la estructura productiva y distributiva del país.

Las elecciones presidenciales del 2024 están fijando los criterios de un falso dilema por la disputa en las élites del mismo grupo gobernante, sin que se esté reconociendo que el viejo sistema/régimen/Estado del viejo priísmo ya no podría regresar por la ausencia de una estructura partidista corporativa y que el partido Morena se ha quedado en una agencia de colocaciones y no ha podido definir y encabezar un proyecto de clase popular que le quite la hegemonía a la coalición neoliberal postsalinista.

Asimismo, las elecciones están haciendo crujir las amarras de la vieja nave del Estado por la ausencia de reformas estructurales que modifiquen las características y objetivos del sistema/régimen/Estado, sobre todo porque el sistema político vigente es el de un priísmo sin PRI, de un régimen presidencialista unitario en una sociedad plural no partidista y un Estado sin capacidad de representación social y sin recursos.

Hasta ahora, el proceso de sucesión presidencial de 2024 se mueve en dos pistas: la presidencial, con la conducción personal del presidente de la república fijando solo figuras; y la política, dónde se está construyendo una muy riesgosa alianza entre una oposición con definiciones históricas definidas y la beligerancia del sector empresarial más radical –la Coparmex– para imponer un candidato de la clase propietaria de los medios de producción.

La posposición de la reforma del sistema/régimen/Estado por la prioridad de proyectos directos del presidente López Obrador perfilan el escenario de una grave crisis de viabilidad de México, porque el viejo aparato de poder priísta ya no funciona, la nueva estructura neoliberal ha sido incapaz de garantizar la estabilidad y ninguno de los precandidatos perfila alguna propuesta real de transición del viejo régimen posrevolucionario a una nueva república de leyes e instituciones.