Tiempo de negociar

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  • Ningún derecho de Vladimir Putin de invadir Ucrania
  • Como EU no ha Tenido Razón para las Masacres en AL

Imposible gozar con libertad de un fin de semana en las oaxaqueñas 9 Bahías de Huatulco, cuando me entero de que, por fin, el camarada Vladi Putin ordena a sus ejércitos invadir la región Este de la gran república de Ucrania, en cuya universidad estudió Ernestito, el hijo de mi hermano Gilberto.

Ucrania, un gran país de los más desarrollados del grupo de naciones desgajadas de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Y más asombrado, cuando me doy cuenta de que la “operación militar” rusa incluye a Kiev, la capital de esta hermosa nación, en donde lo que más destacaba, hace unas tres décadas eran los deportistas, las bellas mujeres y la calidad de vida. Bastaba gastar un dólar estadounidense para pagar la comida del mediodía y quedar completamente satisfecho.

Como el gato o el cachorro, Putin sale a marcar sus territorios, o lo que cree que son sus territorios, frente al poderío de su archienemigo, el imperio del Tío Sam, que lo quiere todo, hasta los dominios que los comunistas le quitaron a los zares y todo para apoderarse de las inmensas riquezas del subsuelo y afianzar su poder en todo el globo terráqueo. Pero Biden no sabe que tiene que compartir, mientras no salga por ahí otro loco que crea que su poder es tan grande como el de Rusia o Estados Unidos.

Con la invasión a Ucrania, sin embargo, Vladimir Putin sale a pintar su raya, infundiendo miedo, pánico, en el mundo, particularmente entre los seguidores del Gran Becerro de Oro que los calvinistas de antaño manipulan para adorar las riquezas mal habidas del capitalismo salvaje, del neoliberalismo diabólico que intenta apoderarse de todo el planeta, encabezado por la Casa Blanca de Washington.

Sin embargo, vale la pena preguntarse si es justo, equitativo y saludable invadir Ucrania para lograr el objetivo de decirle al enemigo, Estados Unidos, que no se pase de rosca en sus afanes de apoderarse de las riquezas del oeste, de los países ex comunistas de la Federación Rusa o de los rusófilos que conforman la Europa del Este y del Extremo Oriente.

Habrá qué preguntarse también si, en defensa de sus intereses, Putin tiene derecho de sacrificar a los habitantes de Ucrania y si, con el pánico de sus misiles y sus ametralladoras, está autorizado a limpiar de nazifacistas al gobierno de Ucrania. También en Moscú han admiradores y activistas de Adolfo Hitler.

En realidad, no es necesaria tanta terrorífica parafernalia para que los gringos y sus aliados de la OTAN entiendan y acepten que, por ningún motivo, deben intentar posicionarse en la zona de influencia rusa, de la cual es parte Ucrania. Es como si Washington invadiera México o Argentina, o Venezuela, o Nicaragua u Honduras, o Panamá, o Perú, bajo el pretexto de que sus gobiernos son “un peligro para la democracia” estadounidense. Que ya los ha invadido a costa de sangre, dolor y lágrimas. Ha arrasado con los pueblos y de México se apoderó de más de la mitad de su territorio. Y nadie dice nada.

Queda claro, pues que el señor Vladi no tiene ningún derecho de invadir ninguna de las naciones ex soviéticas, como Washington tampoco tiene ningún derecho de masacrar naciones que tienen la desgracia de estar en su esfera de influencia. Ni de apoderarse de su territorio. Por los gringos, México tendría que ser territorio estadounidense, Por lo pronto ya es su “patio trasero”.

Como el señor Putin no lo tiene, Estados Unidos no tenía ningún derecho de invadir México, República Dominicana, Guatemala, Panamá, Perú, y masacrar a estos pueblos. Tampoco tenía derecho de financiar con dólares y armamento el golpe de estado sangriento, fatal, en la República de Chile, y asesinar al gran presidente Salvador Allende Gossen, y toda una pléyade de luchadores sociales.

Rusia y Estados Unidos de Norteamérica se disputan la hegemonía del mundo. En estos momentos, el primero se ha impuesto con los mismos salvajes métodos del imperio estadounidense.

Sin embargo, no hay que olvidar que está presente una tercera potencia, gran potencia económica y bélica, que es la del Gran Dragón de la China comunista. El equilibrio entre Rusia y EU se desbalancea por el peso específico del imperio de Xi Jing Ping. Dos contra uno.

El señor Putin ha logrado su objetivo primario. Como dicen e México, ha mostrado el músculo frente a los países europeos de la OTAN, encabezados por el Gran Leviatán de Washington, a costa de la angustia de muchos millones de personas que tenían y tienen pánico por una eventual guerra global, que no la guerra televisiva, la guerra mediática que las agencias de prensa occidentales se han encargado de magnificar a raíz de la invasión rusa a Ucrania.

Ahora, es el momento de que Putin le haga caso a su aliado, Xi Jing Ping para cesar la operación militar y dialogar con el gobierno ucraniano de Volodímir Zelenski.

Bueno. Ahora me voy a Songolinga a seguir sudando el calorcito de esta tierra oaxaqueña.