Jerez, pueblo mágico

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Uno de los municipios más bellos de México es Jerez, Zacatecas.  La hermosura de sus mujeres es bien reconocida -y no puede ser más que la herencia andaluza del otro Jerez, el de la Frontera en el sur de España, donde la otra tradición es la cría de caballos en una Alta Escuela de Equitación, que hasta aquí llegó con la caballería charra que los sábados y domingos se luce en nuestro municipio. La Semana Santa y la Feria son motivo para presumir esta hermosa usanza-.  En nuestro Jerez se refleja, además, la pulcra arquitectura de los primeros cuadros de esta ciudad (producto del estilo de construcción de los árabes de aquel otro Jerez).  Jerez, Zacatecas, es también llamada “la otra Cuernavaca” por su clima templado.  La sabrosa comida y la riqueza de su fruta son algunos de los parabienes que disfrutan sus habitantes.  No por otra cosa, los conquistadores españoles la llamaron así: Xerez “, proveniente del árabe que significa “abundancia de vegetales”.

Los personajes que han nacido en la zona son reflejo de esa bonhomía, como Candelario Huízar, Premio Nacional de las Ciencias y las Artes y compositor de obras clásicas: sonatas y poemas sinfónicos que han dado la vuelta al mundo.  En la casa donde nació, hoy vive una tía mía.

Otro gran personaje, Ramón López Velarde, considerado el mejor poeta de México, es también nacido en Jerez.  Cumplió 100 años de su fallecimiento recién el año pasado.  Al día siguiente de su muerte, el 19 de junio de 1921, apareció en los periódicos nacionales, una esquela firmada por el entonces rector de la UNAM, José Vasconcelos, quien se lamentaba de la pérdida de uno de los más preciados maestros de la más importante casa de estudios de nuestro país.

Jerez tiene el honor, además, de albergar el primer recinto, el fundacional, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, instituido por Francisco García Salinas, Tata Pachito.

Hoy Jerez vive una etapa de terror. Su gente buena, educada y noble, está abandonando sus comunidades originarias. La violencia impulsada por los narcos, lo invade todo.  Observamos ahora, como en las películas del Viejo Oeste, caravanas sobre todo de mujeres y hombres mayores, que huyen de la tierra que los vio nacer y que heredaron de sus padres. Las comunidades se han vuelto un pueblo sin ley.  Una gran cantidad de jerezanos vive ya en los Estados Unidos y se han convertido en zacatecanos exitosos, no sólo como obreros del campo, sino como empresarios de grandes organizaciones e instituciones exitosas. Es triste ver esto.

Mis abuelos maternos, de apellido Félix ambos -pero hijos de dos familias distintas- allí nacieron. Allí está el origen de nuestra sangre y si hoy vivieran, verían sus comunidades convertidas en páramos por la huida de sus habitantes. No sabemos a dónde irán a vivir estos cientos de familias. Campesinos productivos no van a estar recluidos en asilos de ancianos.

Hoy existe un reto adicional: el capricho y la insistencia del actual presidente municipal, de organizar la feria a como dé lugar, será peligroso.  No hay, además, nada que festejar. No se requiere ser político o médico, para poder entender que los violentos requieren escenarios para generar conflictos: nada mejor que una feria para multiplicar el terror que ahora vive Zacatecas.  Desde luego, las ferias son negocios para los comerciantes, los políticos y algunos oportunistas.  Pero este no es el momento para festejar nada.  Estamos preocupados por la muerte de nuestros jóvenes y parientes. Un coleadero no nos emociona, ni una corrida de toros. No hay festejos naturales que nos pudieran estimular.  El alcohol que inunda las ferias, los trajes de charro con pistola al cinto, las parrandas, son incentivos para quienes buscan crear convulsiones y terror en nuestra patria chica.

El actual alcalde, en vez de gobernar, parece que ha confundido su trabajo con el del responsable de un palenque o de una plaza de toros. Su escasa inteligencia no le permite entender que primero es Jerez, que primero son sus habitantes y después, mucho después, la organización de fiestas y jolgorios.  Preferiríamos ver a nuestras autoridades planteando estrategias de seguridad, delineando pactos con empresarios que aseguren inversiones que revitalicen el municipio, sumando a los ciudadanos en tareas colectivas que remocen calles y banquetas, que organicen esquemas de vigilancia colectiva, que procuren la libertad y el crecimiento emocional de los niños y los jóvenes, que cuiden a los ancianos, pilar de nuestras comunidades.

Los de hoy, son momentos de estar unidos, de apoyar a nuestros gobiernos municipales, estatales y federal, para protegernos a nosotros mismos y cuidarnos colectivamente. No podemos permitir que algunos gobiernos, en su frivolidad, prefieran recibir denarios que proteger a su pueblo. Si la feria no se suspende y tenemos violencia, porque el evento abre la posibilidad para ello, los responsables tienen, desde hoy, nombre y apellido.