Sumar o Restar: IX Cumbre de las Américas

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Marcela Maldonado Bodart

La IX Cumbre de las Américas, que se llevará a cabo del 6 al 10 de junio, en la ciudad de Los Ángeles, California; ha estado en medio de una serie de controversias, derivadas principalmente, por la incertidumbre de que los jefes de Estado de Cuba, Nicaragua y Venezuela, sean invitados por el gobierno estadounidense, para asistir a la Cumbre.

Ante esto, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), manifestó a principios de este mes, que no asistiría a la Cumbre si se excluye la participación y asistencia de estos países, y que enviaría en su representación al Canciller Marcelo Ebrard. Otros jefes de Estado, como el de Argentina, Chile, así como la presidenta de Honduras, se han manifestado en favor de la “no exclusión”, aunque no han descartado su participación. El presidente de Bolivia, Luis Arce, se manifestó al igual que AMLO, mientras que el presidente Bolsonaro había señalado primero no acudir, y luego que siempre sí.

Y es que, en medio de la controversia, está lo relacionado con la “Cláusula Democrática”, que se adoptó en la III Cumbre de las Américas de 2001, que establece que cualquier ruptura inconstitucional o alteración del orden democrático en uno de los Estados del hemisferio, representaría un obstáculo “insuperable” para la participación del gobierno de dicho Estado, en el proceso de las Cumbres de las Américas.

Si bien es cierto, el inicio del proceso de Cumbres de las Américas, surgió en 1994, en un contexto en donde, con el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos buscaba afianzar el sistema democrático a nivel global, pero también el nuevo modelo económico para el desarrollo.

A casi 30 años después, de la Primera Cumbre de las Américas, el contexto regional y global ha cambiado. En la Actualidad, estamos enfrentando los impactos de la escasez de alimentos, del incremento en los precios del petróleo, crisis migratorias y de refugiados, entre otros; como resultado de los impactos de la pandemia del COVID -19, de la invasión rusa a Ucrania, y de la falta de respuestas y de soluciones del modelo económico actual, para que la cooperación internacional para el desarrollo sea efectiva, y se refleje en el mayor bienestar de la ciudadanía, a un nivel individual.

Por un lado, la IX Cumbre de las Américas representa una oportunidad para Estados Unidos (EU) de reposicionarse, no nada más en América Latina y el Caribe (ALyC), sino a nivel global, como impulsor de los valores e instituciones democráticas, frente a un incremento del enfoque populista y de una disminución en los niveles de satisfacción con el sistema democrático de la ciudadanía en ALyC. Asimismo, la Cumbre puede impactar como un espacio para que EU revise con los diferentes actores de la región, estrategias para cooperar, desde diferentes ámbitos, y con ello, empezar a disminuir el nivel de influencia, política y económica, de China y Rusia dentro del continente.

Para los países de ALyC, asistir y participar en la IX Cumbre de las Américas, es una oportunidad para revisar y plantear nuevas alternativas de cooperación con EU, entre los diferentes actores, principalmente con el sector privado y sociedad civil, desde una perspectiva de incrementar y diversificar estrategias en distintos ámbitos, más allá de los financiamientos y de las dinámicas comerciales con China, pues ALyC ya representa la segunda región, después de África, en la que China ha realizado más préstamos y financiamientos, a través de su iniciativa “One Belt, One Road”, por lo tanto, la segunda región más endeudada.

Paradójicamente, el lema de la IX Cumbre de las Américas es: “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”; entonces: ¿Cómo enfrentar los nuevos retos globales desde una perspectiva hemisférica, a pesar de las características heterogéneas de todos los actores involucrados?, ¿Cómo se beneficia la ciudadanía del sistema democrático?, ¿Son tiempos de sumar y no de restar? …nada está escrito, y las palabras se las lleva el viento… acciones…

@MarcelaBodart