De Tapados y Destapados: Alianza 1988, exitosa

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De todas las alianzas políticas existentes en la era priísta, la única exitosa fue la de 1988, aunque con explicaciones de coyuntura que la hacen irrepetible: la figura dominante de Cuauhtémoc Cárdenas, el grupo de priístas de la Corriente Democrática y la candidatura polémica de Carlos Salinas de Gortari. Inclusive, las dos incursiones posteriores de Cárdenas se desinflaron en las urnas.

El Frente Democrático Nacional fue la suma de grupos y partidos alrededor de la figura de Cárdenas, incluyendo dos decisiones estratégicas fundamentales: la declinación de Heberto Castillo como candidato del Partido Mexicano de los Trabajadores y la declinación del Partido Socialista Unificado de México (Partido Comunista Mexicano) a presentar candidato.

Estas dos declinaciones tuvieron un mensaje ideológico que de manera lamentable dejó perder Cárdenas en la fundación del PRD: la izquierda comunista y la izquierda obrera catapultaron a un expriísta a una candidatura que se agotó en la figura personal de Cárdenas; el PRD se fundó en 1989 a partir del registro legal del Partido Comunista, pero su programa de acción se agotó en la demagogia sistémica, en el idealismo de un poscardenismo inexistente y en la falta de habilidad para adoptar al nuevo partido de bases sociales derivadas de las clases productivas, dejando el dominio parte de esta a liderazgos sin credibilidad ya grupos de poder tribales.

López Obrador se hizo en el PRI y se convirtió en un líder opositor en el PRD, pero siempre logró imponer su figura como liderazgo personal; cuando el PRD fue un lastre para sus planes de líder social, López Obrador fundó su movimiento de masas, Morena, y hasta la fecha le ha impedido ser un verdadero partido político. Las alianzas de López Obrador con el PT el Partido Verde quedaron en mera asociación de membretes y de suma de porcentajes electorales, dejando todo el peso político en la figura personal del líder.

En la alianza opositora no existe ninguna figura sobresaliente en modo de Cárdenas o López Obrador que pudiera encabezar una movilización nacional a favor de alguna propuesta de salida de la crisis, y en cambio cada partido tiene una lista de militantes de rangos menores que no podrían concitar primero el compromiso de los otros partidos y luego que no podrían competir con la figura social dominante de López Obrador.

En este contexto, la alianza opositora será solamente una suma matemática de votos, porque desde ahora se pueden jugar con figuras menores como candidatos que respondan a intereses de los grupos oligárquicos de los partidos. La alianza perdió de manera irremediable dos años en los discursos demagógicos de su promotor Claudio X. González y no ha podido configurar una verdadera coalición que conmueva a la sociedad y la lleve a las urnas a votar contra el proyecto político-social de López Obrador.

La alianza perderá tres meses en esperar ajustes internos de cuentas en los partidos, pero con indicios desde ese encanto en las bases partidistas.

 

Juego de las sillas

  • La alianza opositora ha perdido el tiempo: no tiene una propuesta programática conjunta y no ha podido superar la disputa de egos entre las figuras participantes. Desde cuándo debió de haber anunciado que la candidatura presidencial de la coalición saldría de unas elecciones primarias formales para comenzar a motivar a la sociedad en la posibilidad de una figura de consenso y no en una cuota partidista.

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