La oposición y la maldición Revueltas

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Era opinión de José Revueltas, casi como maldición, que en una reunión de tres comunistas terminaba dividida en cinco facciones. De la fundación del PNR 1929 a las presidenciales del 2018, el sistema mexicano de partidos ha tendido más a la atomización de corrientes y liderazgos que al modelo de organización de masas o de ideologías.

En 1929 el nuevo partido se las vio contra la candidatura de José Vasconcelos y el resultado le reconoció apenas el 5% de los votos al disidente. El sistema de partidos se formalizó en 1958 con cuatro partidos reconocidos: PRI, PAN, Partido Auténtico de la Revolución Mexicana y Partido Popular Socialista, que en realidad funcionó como un sistema bipartidista porque el PRI asistió a elecciones presidenciales aliado con el PARM y el PPS hasta 1976, apenas cuatro elecciones presidenciales.

La reforma política de 1978 propició que las elecciones presidenciales de 1982 registrarán nueve partidos políticos y mueve candidatos presidenciales, iniciando el ciclo de la fragilidad y la fragmentación partidista con la aparición y desaparición de partidos, dejando solo dos tradicionales que sobreviven hasta la fecha: PRI y PAN. En los últimos 44 años han existido alrededor de una veintena de nuevos partidos que duran uno o dos sexenios.

La oposición ha sido incapaz de construir alguna alianza sólida y de largo plazo: el PAN y el PRD (que nació de las cenizas del Partido Comunista Mexicano) han explorado alianzas con partidos pequeños que un sexenio salían a uno y otro sexenio a otro, en busca del mínimo de 3% de votos para mantener su registro legal como partido político.

Las alianzas sólidas de la oposición comenzaron en el 2018: el PAN se alió al PRD que ya había perdido toda su base neocardenista, comunista y poscomunista y había caído en manos del oportunismo de Los Chuchos, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, el primero sobreviviente de la izquierda echeverrista del Partido Socialista de los Trabajadores funcional al PRI y el segundo como el último vestigio del Partido Comunista. En los hechos, se trataba de una alianza entre dos adversarios históricos, aunque el PAN como parte de una derecha tolerante y el PRD como un partido neoliberal.

El impacto electoral del partido Morena en 2018 con 25.1 millones/44.5% de votos y 30.1 millones/54.2% de sufragios en su alianza provocó un reacomodo de lealtades partidistas: el PRI se derrumbó a 7.6 millones/13.5% de los votos, el PAN bajo a 9.9 millones/17.6% y el PRD se redujo a su mínima expresión de 16 millones/2.8%.

Ante esta realidad, el PRI, el PAN y el PRD crearon en 2020 una alianza opositora electoral para sumar registros legales y en las elecciones legislativas del 2021 acumularon 19.4 millones/41% de los votos, contra 21 millones/44.3% de sufragios para la coalición Morena-PV-PT.

La lectura optimista de la disminución de votos para Morena y asociados y la recuperación electoral de la alianza opositora se está configurando en una coalición de tres partidos de oposición con la Coparmex y el grupo político del activista ultraderechista Claudio X. González, tratando de llegar a las elecciones del 2024 con solamente dos candidatos: el oficial de Morena y el opositor de la coalición.

Sin embargo, la maldición Revueltas comienza a hacer sus estragos. El partido Movimiento Ciudadano con 7% de los votos ya rechazó cualquier alianza con la coalición opositora y anunció que presentará candidato propio, cuando menos uno o dos aspirantes presidenciales de Morena que no obtendrán la candidatura oficial también estarían en posibilidades de buscar algún partido para participar como candidatos y sigue vigente el modelo de candidatura presidencial independiente.

En este escenario, la oposición asistiría –en caso de no conjuntarse en un solo candidato– con cuatro aspirantes: alianza opositora, Movimiento Ciudadano, exmorenistas y algún independiente, contra el grupo Morena-PV-PT, beneficiando con su fractura la fortaleza del candidato oficial.

 

Y PARIÓ LA ABUELA

Y, como dice el sentimiento popular, se está cocinando otro grupo que pudiera proponer candidato opositor; es decir que éramos muchos y parió la abuela: un grupo de políticos destripados de sus partidos y organizaciones y hoy en situación de desempleo acaban de fundar un grupo bajo el título de Frente Cívico Nacional con la única intención de realizar una elección tipo primaria estadounidense para escoger al candidato presidencial.

No se trata de un grupo nuevo, sino que es el resultado de la conjunción de políticos que olvidan o marginan o soslayan sus preferencias ideológicas para conjuntarse en un grupo que pueda nominar a un candidato con competitividad electoral.

Entre los más importantes que participan, están los panistas Gustavo Madero y el ex gobernador bajacaliforniano Ernesto Ruffo, los experredistas Agustín Acosta Naranjo, Carlos Navarrete, Fernando Belaunzarán y René Arce, la excandidata petista Cecilia Soto, el acomodaticio Demetrio Sodi de la Tijera, el empresario priista Francisco Torres Landa, el activista de derechos humanos Emilio Álvarez Icaza, el experretista Ricardo Pascoe, muchos priistas con poco renombre, bastantes perredistas que rompieron con Cárdenas, López Obrador, los Chuchos y los viejos comunistas y no pocos panistas desencantados de su partido.

El FCN, como todo nuevo grupo, surge del optimismo de corto plazo, aunque de manera paulatina comenzará a desgarrarse sobre todo cuando comiencen a repartirse con anticipación las candidaturas plurinominales a diputados y senadores. el discurso del frente nada tiene que ver por la experiencia frentista latinoamericana frente a las dictaduras y a la quiebra de los partidos comunistas. Y tampoco hay referentes sólidos con experiencias coalicionista cívicas del pasado que tuvieron más éxito como grupos de presión que como coalición social-electoral.

La coalición opositora y el FCN son las únicas oportunidades para construir una candidatura con suficiente fuerza para confrontar al candidato o la candidata de Morena, con las figuras hasta ahora conocidas de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López Hernández, sobre todo porque la principal figura morenista que está operando la sucesión presidencial en Palacio Nacional y será sin duda el jefe operativo de la campaña es el presidente López Obrador, de tal manera y con tal fuerza que se va a colar de manera emblemática en la boleta electoral.

Por como se están configurando las dos alianzas, hoy no puede percibirse la imposibilidad de alguna de una coalición de coaliciones entre Va Por México y el Frente Cívico, sobre todo porque en la primera está causando muchos estragos políticos la presencia cada vez más dominante de la Coparmex como sindicato patronal y el empresario ultraderechista Claudio X. González.

En este contexto y en términos reales, la oposición asistirá dividida a la elección presidencial de 2024 en las candidaturas de la alianza opositora, el Frente Cívico, algún exmorenista fuera del proceso y un independiente, es decir, una oposición fragmentada en cuatro ofertas presidenciales.

Morena, en cambio, está presentando una base electoral mínima de 21 millones/45% de votos. La alianza opositora y el Frente Cívico se van a jalonear y arrebatar una magra base de votantes que disminuirá la contabilidad final.

De acuerdo con los escenarios políticos mexicanos, sí existirían las posibilidades mínimas de una gran coalición general opositora que congregue a un solo candidato, pero implicaría que desde ahora se resuelvan las divisiones sin que exista a la vista alguna figura de la oposición que pudiera facilitar los compromisos. Para hablar en términos simbólicos, una candidatura con Cuauhtémoc Cárdenas sí uniría a toda la oposición y a toda la sociedad que no comulga con el lopezobradorismo, pero Cárdenas tendrá 90 años en 2024 y no existe nadie que pueda garantizar una cuestión.

La maldición Revueltas se aparece como el principal aliado de Morena y del candidato o candidata lopezobradorista.

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