¿En verdad creen que no tiene Plan C?

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No, no hay plazo que no se cumpla, dice la historia.

Y el del fin del mandato de Andrés Manuel López Obrador concluirá el domingo 2 de junio de 2024.

Bueno, eso si no ocurre algo imprevisto. Cómo que el rijoso e iracundo, vengativo, mandatario no se le ocurre organizar una crisis constitucional para anular o alterar de tal forma su sucesión que esta no pueda llegar a buen fin.

Su historial y comportamiento advierten que el tabasqueño sí podría tener un Plan C electoral, con el cual podría lanzar a las calles y contra el INE o la Corte o contra quien se le oponga, a segmentos importantes de sus bases, calculadas entre 12 a 15 millones de sus votantes más fieles,

Ya AMLO dio el primer aviso de ello al aparecerse un grupo de un ciento de sus seguidores que intentó ingresar violentamente a la Suprema Corte durante la mañana del sábado, apenas unas horas en que se dio a conocer la suspensión indefinida del Plan B.

El intento de asalto se dio apenas un par de horas luego de que él mismo López Obrador dijo que esa suspensión fue posible porque los ministros son lo mismo que el consejero del INE Ciro Murayama y el activista social Claudio X González para quienes su único dios es el dinero.

Con megáfonos y camisetas que mostraban su apoyo al mandatario los rijosos denostaban y cubrían de injurias a los ministros y en especial a la ministra presidenta Norma Piña, de quien exigieron su renuncia inmediata.

No, el incidente no es cosa menor. El caldo de la crisis hierbe, Y su cabeza y promotor principal es AMLO.

El lo puede aumentar y hacer derramar cuando y como quiera.

Su objetivo sin duda, además de la ministra Norma Piña, son los ministros Javier Laynez Potisek y Alberto Pérez Dayán, quienes suspendieron indefinidamente las reformas del Plan B con las cuales el mandatario intentó “descuartizar” -según lo admitió su secretario de Gobernación Adán Augusto López– al INE y con ellos al sistema electoral y a la democracia mexicana.

El golpe final, producto de una aplicación estricta de lo que marca la Constitución, no de la animadversión personal o del supuesto complot conservador denunciado por AMLO, sobrevino por la tarde-noche del viernes 24 anterior.

Esa tarde -noche el ministro Javier Laynez Potisek, como lo reportará la historia, suspendió por tiempo indefinido la aplicación del llamado ‘Plan B’.

Hasta hoy eso garantiza que el Instituto Nacional Electoral , el INE, podrá operar como lo ha hecho hasta hoy.

Bueno, eso sí AMLO no le aplica el torniquete, como lo ha anunciado, al multimillonario presupuesto del Instituto y a los partidos.

Y esto apenas sería un primer paso de un Plan C que podría incluir el asedio físico de las huestes morenistas y lopezobradoristas hacia consejeros, magistrados de la Suprema Corte y del Tribunal Electoral, de los organismos electorales estatales y de los candidatos de la oposición y, como ya ha ocurrido en procesos anteriores, con la operación violenta e intimidatoria de los aliados del crimen organizado.

 

IRA MÁS ALLÁ DE LO VERBAL

La ira de Andrés Manuel López Obrador no es sólo verbal. No. Su historia advierte que también es física.

Escribe Enrique Krauze en el Mesías Tropical:

“No es (Andrés Manuel López Obrador) un pragmático –comenta Gustavo Rosario Torres, perspicaz tabasqueño, psicólogo de tabasqueños–, el altiplano no lo atempera, le gana la ‘pasión tropical’.” Pero la suya no es una simple pasión política, sino una pasión nimbada por una misión providencial que no podrá dejar de ser esencialmente disruptiva, intolerante”.

Recuerda:

“Andrés Manuel López Obrador vivió también una dolorosa experiencia con la muerte. En su edición del 9 de julio de 1969, los periódicos Rumbo nuevo, Diario de Tabasco y Diario Presente consignaban la muerte de su hermano, José Ramón López Obrador. Los hechos habían ocurrido a las dieciséis horas del día anterior, en el interior del almacén de telas “Novedades Andrés”, propiedad de la familia en Villahermosa. De la declaración que rindió Andrés Manuel López Obrador ante el agente del ministerio público (recogida parcialmente en la prensa), se desprendía que los dos hermanos habían tenido una discusión. Tomando un arma, José Ramón había querido convencer a su hermano de “espantar” a un empleado de una zapatería cercana. Andrés Manuel habría intentado disuadirlo, pero José Ramón lo tildaba de miedoso. De pronto, al darle la espalda a su hermano, Andrés Manuel escuchó un disparo. Trató de auxiliarlo y quiso llevarlo rápidamente con un médico, pero al poco tiempo José Ramón dejó de existir. Versiones distintas consignaban que a Andrés Manuel, accidentalmente, se le había escapado un tiro. La declaración ministerial desapareció de los archivos2.

Otras versiones indican que algo similar podría haber ocurrido al niño José Ángel León quien falleció a causa de un supuesto pelotazo propinado por AMLO luego de una disputa a raíz de los resultados de un juego de barrio de beis bol.

Estamos frente a un enigma. Lo que AMLO es lo veremos en este año y dos meses que faltan para el domingo 2 de junio de 2024 fecha de las elecciones de su sucesión.

Sólo hay que respirar profundo y ver que nunca ha reconocido una derrota. ¿Le reconocerá hoy? ¿Entregará la banda presidencial como lo hizo Enrique Peña Nieto con él?

No creo.

 

MARCELO Y MONREAL ELEVAN VUELO

Mientras dos de los directos beneficiarios de la suspensión del Plan B, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, quienes vieron que el escenario de sucesión no entrará en el caos destazador de instituciones, elevaron vuelo: el canciller ganó espacios en medios con la presentación de una biografía que lava sus errores y Monreal realizó una exitosa gira con miles de seguidores por Jalisco.

Ambos respiraron con la anulación del Plan B porque eso abre sus perspectivas reales de ir por una sucesión institucional, sancionada por instituciones garantes de ese proceso.

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