El homenaje a Elena se impuso sobre el oportunismo de unas y otras

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  • La rabia de las senadoras Sasil y Kenia
  • Pero la Medalla brilló en el pecho de Elena

Las senadoras panistas, Lily Téllez, Kenia López Rabadán, zapadoras de la derecha panista, y la adelita de los políticos oportunistas chiapanecos, verdes disfrazados de tinto, Sasil Dora Luz De León Villard, desgraciaron la solemnidad de la liturgia de la imposición de la medalla Belisario Domínguez a la escritora y periodista, Elena Poniatowska, ceremonia celebrada en la Casona de Xicoténcatl del Senado, después del mediodía de este miércoles 19 de abril.

A la llegada a Xico del secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, éste fue recibido por la rabia opositora de la senadora Lily Téllez, apadrinada por el presidente López Obrador, y convertida en la zapadora más irracional del veracruzano Julén Rementería, coordinador albiceleste en el Senado de la República.

Al arribo de López Hernández a la vieja sede del Senado, la locutora sonorense lo atajó, acerándole el celular a la cara para grabar lo que dijera, reclamándole los “viajes lujuriosos” que presuntamente ha realizado el secretario de la Defensa Nacional, general Crescencio Sandoval con dineros del Erario, según divulgó el periódico El Universal de la capital de la república, la víspera de ayer.

Téllez estuvo acosando a Adán Augusto desde la entrada al recinto hasta el ascensor que lo llevaría a un salón dónde lo esperaban Poniatowska y el presidente de la Junta de Coordinación Política, senador morenista Ricardo Monreal Ávila.

La litúrgica sesión senatorial había transcurrido con la normal solemnidad que acostumbran los políticos. La imposición de la medalla al cuello de la homenajeada, así como el pergamino con el reconocimiento del Senado a todo aquel ciudadano que se hace digno de tal homenaje, cuando tocó el turno a Sasil, como presidenta de la Comisión de la Medalla Belisario Domíngues del Senado.

La politiquera chiapaneca había pronunciado un discurso, un sermón panegírico, alabando la vida y trayectoria de Poniatowska Amor. Todos los senadores e invitados a la ceremonia la escuchaban atentos. Pero, la chiapaneca se salió del guión, aconsejada por alguno de sus mentores chiapanecos. Qué tenía qué ver la Suprema Corte, la Guardia Nacional, con el homenaje de la República a una mexicana sobresaliente como la autora de La Noche de Tlatelolco…

Pues Sasil, luego de pronunciar el último párrafo de su discurso, copiado del buscador de Google y leído dándole el sonsonete de una tribuna de un congreso estatal, se salió y encendió los ánimos pendencieros de Kenia… y de los panistas que asistieron a la ceremonia de homenaje. Las panistas protestaron como lo hacen siempre en la tribuna del Senado, con calor, con ardor, enfurecidas.

“Quiero y aprovecho este recinto histórico, esta tribuna histórica para condenar enérgicamente la decisión de la Suprema Corte de Justicia sobre la Guardia Nacional. Es inverosímil tal decisión porque quedaron a la deriva sin definición sólo 130mil elementos, que confiamos en nuestras autoridades… Y luego gritó los vivas…

Después, al final de la sesión de homenaje a una periodista y escritora de fundamental lectura para quienes gozan de los placeres emocionales, espirituales que provocan los libros, quedó un mal sabor de boca. No era el lugar ni el momento de la lamentación de la trepadora chiapaneca y de la reacción panista de la desgarradora Kenia López Rabadán.

El poblano Alejandro Armenta Mier, presidente de la Mesa Directiva del Senado y aspirante a la gubernatura de Puebla, a la que no llegará porque ya recibió el beso del diablo zacatecano, hizo todo lo posible para opacar la molestia causada por Sasil y Kenia (los extremos se tocan) y acompañóa la homenajeada a una guardia de honor frente a la estatua del senador, mártir de la libertad de expresión, doctor Belisario Domínguez, donde quedó grabado el nombre de Elena Poniatowska Amor (Vino a mi memoria la imagen de Pita Amor, la serena visitante cotidiana de la sala de espera de aquel periódico que me acogió en la juventud, Excélsior.)

Y todo concluyó, como empezó. En santa paz.