Sheinbaum ante su primer informe de gobierno

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A la presidenta Sheinbaum se la puede abordar desde varios tópicos. Primero, el político.
Dijo el senador Monreal en 2018 que llegaban para quedarse 3 sexenios. Ya llevan 2 y por voto popular. Con los mayores números de votantes y jugando las reglas electorales aprobadas por PRI y PAN, no por Morena, en 2014. Hay democracia. Lo que no hay es que gobiernen PRI o PAN desde la presidencia. Son dos cosas distintas, como puede verse y lo  sabemos todos. Por eso y de entrada, no hay que confundir conceptos.
Sheinbaum trae proyecto, con visos no bien ribeteados, también dígase. Su primer año de gestión reviste particularidades destacables. Tiene su propio estilo, ha demostrado que es persona informada y que sabe lo que se mueve alrededor, dentro y fuera de México. Va así, con pies de plomo y eso es acertado. Las pesca al vuelo, las sabe y eso habla de un equipo que la mantiene perfectamente informada. Se deja informar. No hace como que no se informa, no evade el punto planteado.
Alguien dijo que era continuidad, que no continuismo. Hay mucho de verdad. Mantiene la Mañanera, ahora “del pueblo” y acotada; reside en Palacio Nacional –sí opositores, no hay otro inmueble donde meter al presidente. Los Pinos está ya desmantelado. Sépanlo por si un día regresan a la presidencia…– y ha podido sortear su presencia en los foros del exterior, marcando una diferencia, acudiendo allí donde los intereses de México también existen y se juegan. Eso es un avance importante.
Ya luego ha mantenido, al menos eso se sostiene, la distancia con Morena en el sentido de dejarla caminar como partido, no intervenir en sus procesos, lo cual, independientemente de ser cierto o no, supone un equilibrio de malabarista. La sana distancia frente a la conveniente cercanía, son un juego de difícil ejecución, siempre. Tiene lastres heredados como López Beltrán. Como Adán Augusto López, operadores políticos, uno fatal, del otro, lo hemos dicho, con mucha mano izquierda, pero que se ha embrollado con su subalterno. Son lastres.
Sheinbaum no parece tener el control del partido –las causas habrá que estudiarlas, de ser cierto– y que recuerde que hay muchos iluminados que se sienten con derecho a sucederla y hasta ya lo han intentado en el pasado proceso electoral. Si no tuviera el control del partido, así esté lejos 2030, puede llevarse sustos. Si lo tiene, convendría hacer una demostración de fuerza. Y López Beltrán sigue sin ser opción en 2030. México nada le debe. Allá los morenistas si se sienten atraídos por.
Si no controla el partido, será difícil mantener el necesario binomio para ganar elecciones. No por controlarlas, sino por articular un partido fuerte basado en su acción de gobierno. Ningún presidente ha ganado elecciones en México desde 1994 si llega como candidato de forma debilitada por la acción de gobierno de su partido o por el propio partido, dividido.
Sheinbaum este primer año ha explotado el discurso del apoyo popular respaldado en las urnas –lo obtuvo en las presidenciales y como nadie más– y está bien. Luego, las encuestas empiezan ya a bajar ese 80 % inicial de aprobación, que ya vamos en el 76 % dicen y una de El Heraldo la sitúa en 74 %. Está bien, el poder desgasta y quien diga que no, miente. Es natural, existe lo que se llama el desgaste político. Ni López Obrador pudo evitarlo. Nadie, en realidad.
Su estilo, agrada. Hay carácter. Ha puesto en su sitio a Zedillo y no ha tenido reparos contra Fox y Calderón. Trío de desvergonzados. La postura de Sheinbaum acierta por 4 razones. Una. Debieran callarse, su tiempo político ya fue. Dos. Como expresidentes no le van a contar un cuento sobre el cargo a la presidenta. Tres. Dejaron mucho qué desear y 4: justo por sus corruptelas, los expresidentes no están para dar lecciones a nadie. Podríamos anotar un quinto factor: Sheinbaum proviene de la izquierda que nunca fue PRI, esa que desmiente a los priistas timoratos de siempre, abiertos o encubiertos, que balbucean con menos inteligencia que tino, que Morena es el PRI. Se olvidan a conveniencia, que no así, que se integra por muchas corrientes ideológicas y una de ellas no expriista la representa Sheinbaum. No pueden achacarle su inexistente origen priista. Eso les quita la bandera que les servía con López. Solo les resta como opositores relucir su misoginia, pero por ser los menos, se evidencian.
Este primer año, con la oposición no hubo grandes novedades ni acercamiento. Fue mutuo. No hay entendimiento con los opositores, no hay punto de encuentro. La crispación se mantiene porque aquellos no están capacitados para proponer nada sensato ni dispuestos a avalar nada. Siguen en su plan de golpeadores y pendencieros a lo tonto llevándose entre los pies las preferencias electorales para sí, lo que no calculan o no les está importando, ya metidos en su absoluta ceguera; y pierden y pierden votos en consecuencia, mientras necean en aplaudir ciegamente a Romero y a Alito. Allá ellos.
Siguen los opositores con esa errática estrategia y así les va de mal. Si bien, es verdad que con Alito y Romero al frente nada bueno hay qué esperar y MC en plan cacicazgo, menos. Que la oposición esté desdibujada es responsabilidad solo de la oposición. Con Téllez o la Rabadán, no se ayudan los opositores y con las dirigencias de PRI , PAN y MC, menos. La sequía de inteligencia aflora y su incapacidad discursiva rechina. Sencillamente, ni tienen propuesta ni son opción.
Lo cierto es que con Sheinbaum no hay diálogo abierto. No les interesa y ya se ve qué a ella, tampoco. No es sano, pero es lo que hay. La presidenta, por lo pronto, tampoco hace esfuerzo por acercarlos. Hay algo importante: el discurso recalcitrante opositor de oponerse a todo, de afirmar que somos una dictadura sin serlo –colocándolos como verdaderos mentirosos– no deja margen y ni enmienda ni nada, pese al desastre que su proceder como opositores se ha reflejado en las urnas, una y otra vez.
 ¿Rosa Icela Rodríguez simplemente mantiene a raya a los opositores? No es fácil saberlo. Aquellos spotean tontería tras tontería un día sí y otro también, en vez de estar construyendo proyecto sensato, diferenciado para bien y candidato para 2030, así que seguimos en las mismas que el sexenio pasado con una oposición enmarañada. Normal.
Y quede claro que Sheinbaum no pretende ser abanderada de todas las causas ciudadanas. Los movimientos ciudadanos de toda índole pueden seguir conformándose, que no necesitan avales presidenciales, sino sociales y de seguir mostrando las mismas caras ajadas de siempre, seguirán en el hoyo sus destacados “abajofirmantes” de toda la vida. Embusteros. No hay retroceso de la sociedad civil como ladran algunos, solo hay los mismos de siempre pretendiendo secuestrarla. Veamos que no es lo mismo.
En sus equilibrios, Sheinbaum ha ido pon el empresariado, convocando a los más y no ha tenido pelos en la lengua para llamar a las cosas por su nombre. Su margen de acción no es tanto por ellos, sino sabiendo que desde el poder la tiene más fácil. Todo empresario inteligente sabe que no enfrentarse al poder deja más que hacerlo. Destaquemos que le ha callado la boca al señor X. Los González andan muy callados, ya era hora. Salinas Pliego es un pendiente. La nueva Corte quizá de cuenta se él.
Bajo Sheinbaum se ha pervertido sobradamente a los medidos de comunicación públicos para apuntarles como difusores del discurso de la 4T. En exceso. El Canal 11 regresó a los programas de una sola línea. Sí, ya lo hemos expresado: Primer Plano se volvió descaradamente la vocería de Claudio X. González y el programa de Shabot y el priista Schettino dejaron de lado el análisis regalón a ser francos propagandistas anti4T. Dejaron de explicar fenómenos económicos y del gobierno de México. Fue positivo cancelarlos. A cambio, han pululado los programas propagandistas de una sola línea editorial. Una cosa es tener el espacio para informar lo que se considera oportuno y la necesaria versión oficial y otra, cancelar otras opiniones diferentes y está pasando en los medios públicos. Y eso no es conveniente para el espíritu democrático y sí es retroceder a los tiempos del putrefacto Priato. Y tiene que ver con Sheinbaum, porque articula una política comunicacional primando esa estrategia en tales medios.
Y el plato fuerte es Trump. A una conocida cercanísima a la 4T pregunté el año pasado si estaba la 4T incluyendo el factor EE.UU. entre sus cálculos. Lo pregunté porque sin tal cálculo, la 4T y lo que sea, se va al garete. Washington no es cosa menor. Son nuestros padrinos y Sheinbaum y su equipo sí lo sabían. A veces, parece que no. Lo han capoteado a medias. No hay respuestas más contundentes a los aranceles por el amago de represalias, pero pretender paliar con nuestro dinero los faltantes y desequilibrios causados por Trump, en insensato y suena insostenible. No es medida de largo aliento. Sheinbaum, sí, ha capoteado al yanqui, pero al mismo tiempo ha ido más a la defensiva que a la ofensiva y quede claro, su margen de actuación es mínima. Así, las idioteces dichas por el priista Alito salen sobrando al decir que con el PRI gobernando no habría aranceles. ¡Claro! Tendríamos al improvisado Videgaray apostando no por la cabeza fría sino al yerno de Trump para en ello basar su errática política exterior como lo hizo.
Es el hueso más duro de roer y le está tocando enfrentar al más imperialista presidente yanqui que se tenga memoria con su equipo delincuencial de facinerosos que lo secundan, y somos juguete vulnerable a los caprichos yanquis. No lo tenemos fácil, desde luego. Los mexicanos que quieren ver una revolcada a Sheinbaum como la propinada a Zelenski dan “peña” ajena.  Van cegaditos de odio y desvergüenza.
Cierra Sheinbaum un primer año que pronto será uno menos de su sexenio y aún falta por ver acciones de gran calado, sin contar los anuncios en infraestructura que han sido prometedores para reimpulsar trenes y reactivar rutas que no primen solo carretera y vehículos  automotores.
Algo ha de destacarse: la sociedad en general ha sido prudente en el mensaje al referirse a ella. Las descalificaciones a la mujer son las menos, se centran en la persona política, la funcionaria y han sido en el marco del ejercicio público y eso es loable. No ha sido el tono de ser mujer lo que lo prima ni a favor ni en contra, fuera de ser la primera en ocupar el cargo, y México ha descubierto así, algo muy importante: tener una presidente no es cosa de estar o no preparados para tenerla, sino que es cosa de construir candidaturas y articular los apoyos traducidos en votos. Que una mujer gobierne no ha sido para nosotros irnos a una guerra civil por esa causa, infiriéndose que sucedería ante las ideas de los acomplejados argüyendo “es que no estamos preperados”. Ojalá lo hayan entendido claro y fuerte. Aparten de una vez por todas, sus telarañas mentales. Sí, sí llegan todas las que están. Es alucinante la insolidaridad por razones políticas y anteponiéndolas, desde un sexo que no apuesta al cien por la unidad, arguyéndolas, tratándose de una mujer presidenta. Debiera distinguir sus fobias políticas del hito de contar con una. Lamentable el discursillo opositor tan deshilachado en ese rubro.
Sheinbaum Heredó 13,4 millones fuera del estándar de pobreza, heredó a Morena en la continuidad y la oportunidad de consolidar un programa tanto propio, como partidario. Le corresponde, es la presidenta ¿no?, aunque eso fastidie a sus opositores. El primer año ha sido capotear más a Trump y actuar en consonancia con las exigencias de Washington y sus abusos, que con agenda propia. Eso marca retos reales y puntuales en el segundo año de ejercicio. Y en conseguirlos estriba su desafío.