Vivas, nos queremos, vivas

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Más que  una guerra de géneros, el Día Internacional de la Mujer, no debe verse como una compuerta para ahondar odios, ni rencores, bajo el lastre del reclamo inútil por un pasado del que ya hemos logrado escapar.

Quizá no del todo completamente, pero digamos que tenemos medio cuerpo puesto en el escenario de la igualdad, de la inclusión, de la equidad  y en la búsqueda de leyes paritarias.

Nunca estaré a favor de ningún tipo de violencia para condenar roles y estereotipos, ni para zanjar una venganza inquisitiva por tantos miles de casos de injusticia en que las mujeres, en su mayoría, son las víctimas.

Hace  unos días, me preguntaron mi opinión, acerca del papel actual del género femenino y respondí haciendo una reflexión: “Si en la actualidad todavía en  pleno siglo XXI, la era de la tecnología, casan a niñas de manera forzosa, secuestran a estudiantes y hay hombres que matan a sus parejas, ¿qué pasaba entonces con las mujeres en los siglos pasados?”.

La respuesta es sencilla: si entre 1950 y 1960, surgió el movimiento social afroamericano para tener derechos como los blancos; entre 1960 y 1970, la ola feminista hizo lo propio para que el mundo se diera cuenta que también tenían derecho a votar, a abrir una cuenta bancaria sin estar casadas o hasta  acudir a la universidad.

Antes de eso la mujer tenía un papel florero en términos socioeconómicos aunque había una creciente fuerza femenina se le veía subcualificada con el pretexto empresarial e industrial de pagarle mucho menos. Había una encubierta explotación laboral femenina.

Y muy a pesar de que las mujeres tuvieron un rol significativo en la Primera y Segunda Guerra Mundial, mientras el campo de batalla dejó millones de muertos, ellas debieron tomar las riendas productivas que quedaban vacías en los talleres y en las fábricas; por no olvidar su activa participación en defensa de sus respectivos países con fúsil y granadas en las manos.

Fueron contados los casos en que las mujeres lograron brillar por sí solas o bien porque algún varón les abrió las puertas; antes de eso primaba el camino de formar una familia o ser monja como disyuntiva lo que en el primer caso quedaba estar supedita a la voluntad del marido, y en el segundo, a la de Dios.

Pero aquello de pensar, hablar, opinar, crear, aportar, construir, disentir, tener sueños o hasta de aspirar a gobernar y tener un cargo público significaba un espacio mínimo y de algunas privilegiadas.

Si comparamos la sociedad occidental actual digamos que llevamos medio cuerpo dentro del siglo XXI, pero resta demasiado por hacer y quizá no sea sino hasta que los más pequeños de la Generación Z se incorporen a la vida productiva que lograran hacerlo con mejores condiciones, unas más lineales y parejas, en comparación con las padecidas por los millennials o bien por nosotras que formamos parte de la Generación X; o quizá, en definitiva, será algo que experimentará la subsecuente generación.

 

A COLACIÓN

La pandemia no ha hecho más que agudizar dos velocidades: una, la digital, avanza a paso veloz mostrando nuestra aplastante realidad por si habíamos olvidado que de esto va la Cuarta Revolución Industrial y que muchos empleos sucumbirán; la segunda, retrotrae lo que se había avanzado en el terreno de las conquistas sociales y económicas, dejando un mundo todavía más fragmentado en ese terreno y no para bien, sino para mal.

Los despidos laborales han afectado sobre todo a mujeres que ya de por si eran vulnerables, primordialmente en hogares monoparentales; muchas han debido aguantar las cuarentenas y los confinamientos con sus parejas, algunas soportando a sus maltratadores.

No  ha cejado la violencia ni siquiera porque estamos en medio de una  urgencia sanitaria global; la desaparición de mujeres, el rapto de niñas y los asesinatos  con violencia han seguido dándose en muchas partes del mundo.

Sin educación inclusiva desde las aulas y sin leyes efectivas, que equiparen profesional y salarialmente a la mujer con el hombre y que, les proporcionen un paraguas de protección legal para evitar el maltrato, su desaparición y su explotación, el siglo XXI seguirá pareciéndose a otros escenarios indeseables de centurias pasadas. Miremos hacia el futuro ya…

@claudialunapale