¿Es correcta la moral de la 4 T?

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¿Cómo deberíamos vivir para llevar una buena vida? ¿Qué confiere valor a nuestras vidas? Estas dos cuestiones, por regular las personas ni lo piensan. Los gobernantes y los políticos tienen la obligación de por lo menos plantearlos.

El desacuerdo sobre estas cuestiones básicas ha supuesto el origen de mucho sufrimiento humano. Guerras, asesinatos, revueltas y revoluciones han sido por este desacuerdo o acuerdo. Qué decir de los desacuerdos interpersonales.

Condenados a ser libres, somos lo que elegimos ser, productos de las elecciones significativas que tomamos y autores del significado de nuestras vidas. Pues sí, sólo en libertad y en democracia podemos plantearnos las alternativas de vida.

La vida que se vive sin conciencia no es digna de ser vivida, hay miles de millones de personas que viven sin la conciencia debida en ello. El valor de actuar y decidir por nuestra cuenta depende de comprender el contexto y las implicaciones de nuestras acciones y decisiones.

La cuestión de lo que es correcto y lo que no lo es, de lo que está moralmente mal, es la preocupación fundamental de la ética o de la filosofía moral, filosofía moral que se ha pretendida erradicarla de la escuela.

Una cuestión crucial en la ética es el valor: la importancia o el mérito que le otorgamos a las cosas. Desde nuestra perspectiva todo tiene un valor.

El mundo puede parecer diferente desde distintos puntos de vista, pero en realidad sigue siendo igual: nuestras perspectivas cambian, pero el mundo no. Esto es una gran verdad, vivimos un mundo de apariencia.

Nos encontramos ante una descripción realista del mundo, y su característica fundamental es la objetividad: asume que las cosas existen realmente, independientemente de nosotros, y que las afirmaciones hechas al respecto pueden ser ciertas o falsas.

Los principios morales están objetivamente en el mundo y si es posible descubrirlos mediante la razón, o más bien, si de alguna forma se basan en las respuestas emocionales de los seres humanos.

Nietzsche argumenta que no hay hechos morales, solo interpretaciones hechas a partir de perspectivas particulares. No hay nada bueno o malo, solo el pensamiento lo convierte en una cosa u otra.

Todo valor está inextricablemente ligado, o depende de los juicios y actitudes de los humanos, que hacen la valoración. Según esto, no hay verdad moral, o principio o creencia moral, que sea realmente correcta o errónea: solo se puede considerar así, desde la perspectiva de una cultura particular, sociedad o periodo histórico.