La línea dorada de la sucesión 2024; Slim-Ebrard: el poder y los negocios

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Si alguien piensa que Marcelo Ebrard pasó una mala noche, se equivocan. Los muertos por el accidente de la Línea Dorada del Metro son simples “pelillos a la mar”.

Decenas de miles, cientos de miles de personas sufren ahora las consecuencias.

En términos estrictos los responsables morales de la tragedia son Marcelo Ebrard y el magnate Carlos Slim y sus asociados.

Más que la tragedia, lo que le preocupa a Ebrard es su ambición política por suceder a Obrador. Y Slim está preocupado solo por sus bolsillos.

Para nadie es un secreto que Carlos Slim es el padrino político de Marcelo Ebrard.

La relación entre ambos está a partir un piñón.

Sí Marcelo Ebrard aspira a suceder a Obrador en la Presidencia sabe que cuenta con el respaldo de Carlos Slim.

Con el apoyo del magnate, el canciller Ebrard ha ido construyendo su trayectoria política.

Cuando Ebrard fungía como jefe de la policía capitalina, él y Slim se dieron el lujo de pagar más de 4.3 millones dólares por una visita de horas al polémico Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York por una “asesoría” para combatir la delincuencia de la Ciudad de México. (Giuliani makes recommendations to Mexico City Police – YouTube)

El jefe de Gobierno era López Obrador quien recibió a Giuliani en su despacho. Así empezaron los negocios de Slim con el gobierno de Obrador con Ebrard de por medio.

Sin embargo, Vicente Fox destituyó a Ebrard como jefe de la policía por un linchamiento de agentes federales en Tlahuac.

Entonces, tras su despido Slim acogió a Ebrard y lo protegió.

El todopoderoso magnate nombró a Ebrard como segundo de abordo de su sobrino Héctor Slim en un fideicomiso del Centro Histórico.

Héctor despacha ahora como director de Teléfonos de México y es uno de los hombres más cercanos a Ebrard. Algo así como la “uña y mugre”.

Como jefe de gobierno Ebrard llenó de contratos al grupo Carso. Slim hizo muchos negocios con el tema de la seguridad. Después vendrían las obras públicas y la construcción de la Línea Dorada.

Y como amor con amor se paga, Ebrard recompensó a Slim como el mayor beneficiario en la construcción de la línea 12 del Metro.

Todos sabemos que la construcción de la Línea Dorada fue un auténtico botín. Políticos y empresarios se dieron un festín.

Hasta hace tres años todavía las empresas constructoras seguían sangrando al erario público.

Carlos Slim dueño del Grupo Carso y los empresarios de ICA y Alstom exigían miles de millones de pesos por adeudos e intereses al gobierno de la Ciudad de México.

La Cuarta Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México resolvió pagar solo 4,000 millones de pesos de los 6,000 que reclamaba Slim por adeudos e intereses.

Aunque fue una obra ejecutada en el gobierno de Ebrard, la inauguración corrió a cargo de Miguel Ángel Mancera el último día de octubre de 2012, y en menos de dos años se suspendió su operación por diversas fallas. (más de 17 mil, muchas de ellas graves).

Ahora, sobre los despojos de la Línea 12 del Metro revolotean como auténticos carroñeros los dos personajes que se disputan la sucesión de Obrador: Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

Cadáveres más, cadáveres menos, en México no importan los muertos. Ya lo decía el poeta de la música vernácula: “no vale nada la vida, la vida no vale nada”.

En el país se puede perder la vida de la manera más absurda y cruel. Y no pasa nada. Masacres, accidentes, ejecuciones, desapariciones y no pasa nada.

Ahí está Gatell quien reina sobre catástrofe. Más de 217 mil muertos por Covid y no pasa nada.

Lo que verdaderamente importa es la ambición de los políticos que se disputan cuotas de poder.

En la tragedia de la “Línea Dorada” todos se lavan las manos. Una veintena de muertes y un centenar de heridos, son simples estadísticas.

Políticos y empresarios están embarrados.  Obrador, Marcelo Ebrard, Mario Delgado, Jorge Arganis Díaz, Miguel Mancera, Carlos Slim y un largo etcétera.

Ayer fue Claudia Sheinbaum con el derrumbe de una escuela donde murieron aplastados una treintena de niños y trabajadores, ahora es la Línea Dorada y mañana talvez el aeropuerto de Santa Lucía.

¡Y no va pasar nada!

Ebrard, Sheinbaum y Obrador seguirán con sus miserables vidas.