El Braguetazo de Nacho Cobo; amor, política, dinero y poder

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Quinta parte

Ignacio Cobo era un imberbe cuando Carlos Slim lo lanzó al ruedo de los negocios. A Nacho aun no le nacía el bigote y pasados apenas los veinte años de edad, ya estaba pactando una compra de acciones con Carlos Trouyet, el empresario más importante de México.

Slim había fundado en 1965 una inmobiliaria, la primera de sus empresas. Entonces Carlos Slim le confió a su primo Alfredo Harp Helú que él iba a ser el empresario más importante de México. Ni siquiera existía el Grupo Carso ni Slim incursionaba en la Bolsa de Valores.

Trouyet era una leyenda. El más poderoso y mediático de los empresarios del país. Slim lo admiraba por su habilidad para los negocios.

Slim ni siquiera tenía novia y Nacho andaba de parrandero. Desde entonces fueron de personalidades totalmente opuestas, pero a ambos los unía la ambición por el dinero.

La negociación con Trouyet fue la primera aventura financiera de Slim quien, en un ataque de nervios, de último minuto le pidió a Nacho que él se hiciera cargo de la negociación. En una junta de accionistas Nacho –quien era un bisoño a diferencia de Slim que era más cerebral y calculador– se encargó de la oferta para la compra de la mayoría de las acciones de Ferroaleaciones, cuyo director general era Trouyet. Slim sólo participó haciendo acto de presencia y se fue hasta el fondo del salón de juntas, otorgándole a Cobo todos los poderes de decisión y dirigiéndole tan sólo con su mirada. La asombrosa intuición de Nacho condujo la negociación a un feliz término. Así comenzó la relación de Slim con Trouyet, hasta la muerte de éste en 1971 tras padecer cáncer. Unos años antes los dos hijos mayores de Trouyet habían perdido la vida a causa de un avionazo.

De pronto la vida de Slim daría un viraje cuando se enamoró de Soumaya Domit. Él tenía 25 años y ella 17. La unión entre Slim y Soumaya dio paso a la creación de Carso que se convertiría con los años en el más poderoso grupo empresarial. Nacho entonces de 22 años perjuraba que él iba a ser un solterón empedernido y que iba a disfrutar del placer de las mujeres y de la vida con sus amigos.

“De esta agua no beberé”, dice el refrán y Nacho terminó por dar el braguetazo.

A mediados de la pasada década de los setenta cuando Nacho formaba parte del equipo de basquetbol de la UNAM durante una gira del equipo por Tabasco conoció a Graciela Trujillo hija del gobernador Mario Trujillo García (1971-1976). Más allá del enamoramiento y el amor, Nacho vio a Graciela con signos de pesos. No se equivocó. La relación fue más allá de lo sentimental y Nacho aprovechó la oportunidad para obtener un beneficio económico que lo llevó al mundo de los negocios al amparo del poder. Se enriqueció a manos llenas y se asoció con Manuel Bartlett Díaz –hijo del gobernador de Tabasco Manuel Bartlett Bautista (1953 – 1955) quien vio interrumpido su mandato por presiones políticas– quien supo sacar raja de las conexiones políticas heredadas por su padre.

El presidente Adolfo Ruiz Cortines recomendó en varias ocasiones al gobernador Bartlett que diera un lugar en su gabinete a Carlos Madrazo. Bartlett se negó y como consecuencia de una revuelta estudiantil por el aumento a los pasajes se desató una crisis de gobernabilidad en el estado. Los estudiantes exigieron la desaparición de los Poderes del Estado. La crisis llegó a tal punto que el gobernador tuvo que renunciar el 22 de marzo de 1955. Ocho años después, 24 de abril de 1963, falleció Bartlett Bautista. Durante su sepelio el tabasqueño Rodulfo Brito Foucher, exrector de la UNAM, dijo ante el féretro: “debido a su honradez acrisolada y a su buen corazón, llega a la tumba Manuel Bartlett Bautista con las manos limpias de oro y de sangre”.

El heredero y continuador de esa dinastía Manuel Bartlett Díaz, el socio de Nacho Cobo tendría una vida de claroscuros. Más sombras que luces.

Andrés Manuel López Obrador llegó a denunciar públicamente, desde la pasada década de los noventas, los negocios de Bartlett y Cobo al amparo del poder, al pintarlos como unos “pillos”.

Como sea, el matrimonio con Graciela Trujillo le dio un vuelco a la vida de Nacho.

Mientras Slim escalaba los primeros peldaños de lo que a futuro se convertiría en un imperio de negocios, Nacho se abría paso en Tabasco bajo la sombra del gobernador Trujillo García. Tabasco sería para Nacho un Edén, despertando admiración y envidias hasta llegar a despertar pasiones encendidas de sus adversarios tanto en los negocios como en la política.

Ignacio Cobo llegó a Tabasco a mediados de los años sesenta a jugar un partido de básquetbol con el equipo de la UNAM. Sencillo y amigable, Nacho era la estrella de los Pumas y los reflectores siempre enfocaban hacia él. Durante el partido celebrado en Villahermosa contra un equipo local, atrajo las miradas de las mujeres, una de ellas, Graciela Trujillo era la hija del entonces flamante diputado Mario Trujillo García.

Nacho pasó así a formar parte de la dinastía política de los Trujillo bajo cuya sombra florecería una inconmensurable fortuna. Algunos le comenzaron a llamar “El nopal” por ser rico en propiedades.

Slim le había enseñado el camino del dinero. Un tema en el que Nacho fue un alumno sagaz. De los que saben y huelen en dónde están los dineros.