Más allá del baile de las campañas

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Gerardo de la Concha

Durante las campañas circuló un video que recopila escenas de algunas de ellas. Es una antología de candidatos quienes bailan, cantan, escenifican ocurrencias de sus publicistas y parecen estar compitiendo para reinas de la primavera o los reyes feos del carnaval. Y son de todos los partidos, de los oficialistas y los opositores.

Uno de los males en las campañas electorales mexicanas es la idea introducida por los publicistas interesados, de que todo se trata principalmente de marketing publicitario. Las elecciones dejan de ser así el campo de la lucha política democrática, para convertirse en un teatro del absurdo.

Sin embargo, la realidad se impuso junto con los electores. Son éstos últimos quienes crearon una nueva circunstancia política, con implicaciones decisivas. Ya no hay un gobierno con un apoyo mayoritario y un dominio absoluto de la Cámara de Diputados.

El país está dividido en prácticamente partes iguales, así pasó con las gubernaturas en juego -casi todas con números cerrados-, sucedió con las diputaciones federales y locales, con los municipios. Morena no fue superada totalmente sólo por sus alianzas y la Coalición opositora unida, muestra ya músculo como rival. Puede dejar de ser la minoría despreciada y silenciosa.

En medio de la pandemia, la tradición de lo clientelar electoral fue acaparada desde el poder por Morena. Y sus rivales los partidos opositores cosecharon el descontento producido por un  gobierno faccioso, despilfarrador, destructivo y con cuentas pendiente en materia de salud, seguridad, economía y una verdadera lucha contra la corrupción, comenzando por la propia.

Esto es suficiente para que ya no exista la posibilidad de la reelección, no haya cambios constitucionales para regresar al país a los 70, el Presidente ya puede ser acotado políticamente por una fuerza opositora ausente hasta ahora. Y sobre todo, con el derrumbe de Morena en la capital del país, se le mueve fuerte el piso a Claudia Sheimbaum, la sucesora escogida por el Palacio Nacional.

Y esto a pesar de que el Presidente se dedicó a violar las leyes mexicanas, influyendo así en una elección inequitativa.. El propósito es autoritario, pues se violenta el orden constitucional , que impone límites, competencias y reglas. De esta manera, vimos un desafío al Estado constitucional planteado por la aspiración al poder personal absoluto.

Se dirá que la alianza Va por México coordinó la expresión de la lucha política opositora. No lo creo en un sentido estricto. El problema es que no hubo una reivindicación común, una oferta clara y vinculante, una contraposición a las políticas del Presidente para defender lo que hicieron como gobiernos estos partidos. En el fondo se mostraron culposos, sin expiar sus pecados.

El hecho es que Va por México se comportó de manera inercial en dos aspectos: esperó la caída natural de Morena, ante tantos abusos y errores de sus gobiernos y del gobierno federal, y esperó así capitalizar, como sucedió, el enorme descontento de las clases medias frente a un gobierno enemigo de las mismas.

La verdadera lucha se dio entonces en estas elecciones entre la clientela política de Morena y estas clases medias, identificadas con la modernidad y quienes se movilizaron para votar por los partidos opositores, no porque crean en ellos, sino por mero instinto de sobrevivencia.

Y en estas clases medias sí abunda la conciencia de la crisis múltiple y grave que está padeciendo el país en todos los terrenos: económico, sanitario, social, institucional y de seguridad. Es la crisis que los partidos no quisieron poner en la tabla de decisión de estas elecciones, como el elemento  que vinculaba  lo local y lo nacional. Pareció una evasión, que terminó por hacerle el juego a los intentos distractores del Presidente.

Pocos políticos tomaron la batuta frente a esta crisis: Margarita Zavala o Maru Campos en Chihuahua, quienes asumieron la consigna de salvación: ¡Mujeres y Niños Primero!, porque la tragedia femenina e infantil en México no puede ser ya ignorada, pues en medio de la crisis general debemos unirnos en torno a esta reivindicación que se contrapone al clientelar Primero los Pobres del obradorismo. Es una verdadera estrategia de cambio y tendrá que ser la de una verdadera oposición.

Mantenimiento de escuelas, educación de calidad, escuelas de tiempo completo, atención médica  -desde el tamiz neonatal hasta las medicinas para niños con cáncer -, estancias infantiles, comedores comunitarios, Seguro Popular, albergues de mujeres maltratadas, ministerios públicos para mujeres, apoyo a madres de familia en la pandemia, etcétera. De todo ello el actual gobierno ha despojado a las mujeres y a los niños de este país. Y se les debe devolver.  Ahí está también el compromiso de Alejandro Moreno, el líder del PRI, de que su Partido va a apoyar se restituyan estos programas en beneficio de mujeres y niños. Sin duda se trata de la justificación política, social y moral de la Coalición.

El otro político realista es Juan Carlos Romero Hicks, quien promueve la Ley para el Acuerdo de Unidad Nacional para Enfrentar y Superar la Crisis. Es algo que debe analizar con atención el Presidente, pues frente a la crisis que vivimos, con su saldo de muertos, desempleados, mujeres y niños en riesgo, desastre social y familiar, promover la división de los mexicanos es algo que se le va a revertir en lo político e histórico. El Presidente puede ser popular -cada vez menos-, pero no es el líder que México requiere en la actual circunstancia. Es una lástima.

Después de las elecciones comienza la verdadera lucha: la disputa por la agenda, las prioridades y los presupuestos. Frente a la crisis, se plantea ya arrebatarle la agenda al Presidente y, en el fondo, esto cuestiona su legitimidad social y política.

El autor es escritor y consultor político.