Vivir en ciudades a 50 grados

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Estos días varias ciudades arden bajo una ola de calor infernal: desde Canadá hasta Irak, con una temporada estival que recién inicia, anunciando con estas temperaturas las calamidades que nos aguardan en los próximos meses de verano.

Asusta. La costa oeste de Canadá vive atrapada en una burbuja de calor que ha matado a centenares con incendios que no amainan consumiendo a cientos de miles de hectáreas de bosques.

Se genera así un círculo vicioso que retroalimenta negativamente al clima local, esto parece Babilonia y el final de los tiempos, y vuelvo a insistir que es un tema que en lo personal me preocupa.

Tenemos una grave crisis: el cambio climático lo es, por todo lo que a su alrededor dinamiza y para mal, no solo son los efectos perniciosos en el medioambiente sino el daño en la vida humana; el quebranto económico personal y particular y la presión adicional a las finanzas públicas porque las políticas públicas deben sobrerreaccionar atendiendo las inminentes necesidades de relocalización de las personas afectadas y de reconstrucción.

En columnas anteriores señalé que el clima mata y abordé los datos al respecto de los desplazamientos anuales provocados por el cambio climático en el mundo: según el Internal Displacement Monitoring Centre, un total de 30.7 millones de personas dejaron sus lugares de origen ante el impacto del cambio climático tan solo el año pasado.

La propia ACNUR  advierte que 200 millones de personas necesitarán anualmente “ayuda humanitaria en 2050 por el impacto del cambio climático” y en unas partes estas necesidades y desplazamientos serán más acuciosas.

El costo económico anual podría convertirse rápidamente en un boquete importante para el presupuesto de muchos países tradicionalmente presionados por finanzas mal equilibradas.

Lo del clima es ya un asunto de urgencia mundial, no en 2025, no en 2030, no en 2050 lo es ahora en 2021 en una aldea global con graves problemas de suministro de agua dulce.

Una carestía que agravará con las altas temperaturas, con las olas de calor y con los incendios, y encima se complica en  naciones sumidas en sus propios problemas, como lo hemos atestiguado estos días en Irak que viene padeciendo una serie de cortes eléctricos en un momento  que la gente está conectando sus ventiladores y necesita los refrigeradores más que nunca para refrescar el agua y mantener la comida  ajena del calor.

Ya se habla de una nueva masiva protesta en Irak por esta situación ante la ineficacia de un gobierno señalado de corrupto, ineficaz y de olvidarse de la gente.

 

A COLACIÓN

Amigo lector, se ha preguntado, ¿cómo sería vivir en ciudades con climas de más de 50 grados centígrados por lo menos seis o siete meses al año? Los modelos climáticos aventuran que desaparecerán las cuatro estaciones, dejaremos de sentir y percibir el cambio de una estación a otra para quedarnos con dos extremos: el calor y el frío.

Eso hace que el reto sea mayúsculo porque la tendencia es a replicar modelos de calor como los de Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Dubái con una media de entre 42 a 45 grados centígrados con noches entre los 34 a 36 grados.

Estados Unidos tiene en Furnace Creek Ranch el lugar más caluroso de todo el planeta con una media de 56.7 grados centígrados; hay otros países muy secos también,  como Túnez, con varias de sus ciudades  por encima de los 55 grados centígrados al igual que Kuwait o Irán.

Si nos encaminamos hacia una metamorfosis  que implica acercarnos hacia climas semidesérticos, con menores precipitaciones anuales e inviernos más extremos, lo deseable es poner la ciencia y la tecnología así como la educación en la gente, los presupuestos y la prospectiva en mejorar la calidad de nuestras ciudades, de nuestro entorno para irnos preparando –todos– ante un inminente e indeseable cambio y que no termine enfrentándonos a un cataclismo en el que unos y otros empiecen a matarse por falta de agua.

Ese es el punto: hay que poner de forma inminente, toda la inteligencia de los seres humanos para prepararnos y evitar una catástrofe mayúscula; creo que el Acuerdo del Clima de París se queda corto en sus intenciones.

@claudialunapale