Agenda presidencialista o Agenda para salvar al país

0
536

Gerardo De la Concha

En las elecciones pasadas muchos candidatos de los partidos oficialistas y opositores se dedicaron a una feria superficial de marketing publicitario. Hubo también una tragedia no atendida, por la intervención electoral del crimen organizado, al cual el Presidente le dio un inusitado reconocimiento público muy costoso si se le ve como reflejo de su política.

Ahora debe dilucidarse si el voto descontento con el gobierno de un buen porcentaje de ciudadanos, obliga a los partidos opositores a corresponder a sus electores, o veremos un teatro de simulaciones  con el argumento de que «si al Presidente le va bien, al país también» . Muchos ciudadanos se movilizaron a emitir un voto contrario al gobierno, precisamente porque al presidente López Obrador le puede ir magnífico y al país, considerando los hechos, ni por asomo.

El Presidente fijó la agenda de acuerdo a sus intereses e ideas de retroceso, sin importarle que no cuente con la mayoría calificada para reformas constitucionales. Quiere que esta agenda inútil prevalezca y ahora, tardíamente, Ricardo Monreal llama a «superar enconos», luego de que todos los días el Presidente insulta a quienes no piensan como él y Morena trató a los opositores con la punta del pie, para aprobar iniciativas presidenciales «sin modificar ni una coma».

Incorporar la Guardia Nacional al Ejército, militariza totalmente la seguridad pública, más en perjuicio de los ciudadanos, que de los delincuentes. Por su parte, reformar una Institución como el INE, que demostró su eficiencia al coordinar la participación ciudadana en la ejecución de las elecciones, es un plan para imponer un poder personal y la hegemonía de un partido.

Querer regresar, con la contrarreforma energética, al monopolio de la CFE y Pemex, pilares de la «Dictadura Perfecta», misma que las reformas modernizadoras desmontaron en un largo proceso, significa regresarnos a los años 70 del siglo pasado.

¿Es inevitable que se deba comprar esta agenda del Presidente? O los opositores tendrán la capacidad política de presentar otra agenda, una que por fin atienda a la realidad de crisis múltiple en la cual se encuentra sumido el país, la agenda que precisamente no supieron fijar en las pasadas elecciones.

A la agenda ideológica, rencorosa, retrógrada, personalista y autoritaria del Presidente, los opositores , quienes se reivindican en las Cámaras como un Bloque, podrán enfrentar una agenda de crisis, reivindicativa, de cara a las necesidades y reclamos de la sociedad, una agenda superior en lo social, lo político y lo económico. De esta forma habrá una alternativa.

Las condiciones ya cambiaron. Después de haber terminado pasmados en la elección presidencial, los partidos opositores tienen la oportunidad ahora de despertar de su letargo, de sacudirse los  sentimientos de culpa y levantar cabeza como representantes de un descontento ciudadano muy bien ubicado ya en las clases medias pujantes, críticas, productivas y exigentes, antes y ahora, frente a los gobiernos que sostienen con sus impuestos, como lo hacen los trabajadores.

La oposición en general se dejó avasallar por el actual gobierno. Nunca defendieron sus propios logros, sus programas, sus propuestas, apoyaron en cambio muchas veces al gobierno queriendo reivindicarse de esa manera y se olvidaron de su compromiso con la población perjudicada al suprimirse los beneficios sociales que se habían alcanzado antes de este sexenio.

No sólo hubo perjuicio por la desaparición de los organismos autónomos o fideicomisos, sino se trata del despojo a la sociedad de programas -siempre perfectibles- como las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo, el mantenimiento de las escuelas hoy en ruinas, el Seguro Popular, los comedores comunitarios. los albergues de mujeres maltratadas, etcétera.

Permitieron sin protesta difundida y enérgica, que se disminuyera el presupuesto de salud pública y hoy vemos desabasto en las vacunas universales, no sólo las del Covid, o hay la falta de medicamentos con afectaciones muy sensibles, por ejemplo, a mujeres y niños con cáncer. Por eso el grito de crisis es y debe ser: Mujeres y Niños Primero en contraposición al demagógico y clientelar de Primero Los Pobres del obradorismo.

No hubo voces en el Congreso que señalaran las consecuencias jurídicas del daño patrimonial producido al Estado con la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, tampoco hubo nadie que reclamara el uso fuera de reglas de operación del Fondo de Ingresos de Previsión Presupuestaria, destinado a emergencias, cuyo monto de $270 mil millones de pesos, ya en 2020 contaba con sólo $10,000 millones de pesos, sin que se haya justificado ese gasto, que suena a desvío. Todos hablan de la pobreza, pero nadie defendió el proyecto de Zonas Económicas Especiales diseñado para desarrollar inversiones productivas en regiones pobres. Se despreciaron $8,000 millones de dólares previstos en su primera etapa, de inversión privada nacional y extranjera.

El tema del crimen organizado y narcotráfico es de seguridad nacional. Algo que el Presidente ha olvidado. El absurdo de que seamos testigos de una capitulación frente a una feroz delincuencia y el Congreso permanezca callado, mientras se corrompe a ojos vistas a las Fuerzas Armadas para desviarlas a los negocios y se olviden de defender a la sociedad, es hasta ahora una de las mayores vergüenzas institucionales. Se quiere militarizar totalmente a la Guardia Nacional, al tiempo que se  se incumple con la ley que se juró guardar y hacer guardar. El silencio puede ser complicidad.

La oposición, si lo es, debe exigir en cambio, con consecuencias, una investigación  a nivel federal de la participación del crimen organizado en las pasadas elecciones. Mientras el Partido del gobierno siga protegiendo estos vínculos abiertos y se ponga en riesgo al Estado mexicano, no puede y no debe haber complacencia con agendas presidencialistas forzadas.

¿Va a cambiar esta Legislatura su comportamiento frente al Ejecutivo? Lo que está en juego es si se adopta la agenda presidencialista y se pierde el tiempo ante una crisis múltiple de enormes dimensiones y consecuencias, o se promueve una agenda de salvación nacional. Ya sabemos que Morena y sus aliados mantendrán su soberbia, falta ver si la oposición recobra su dignidad.

El autor es escritor y consultor político.