Historias del Tapado: El surgimiento de un modelo

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El fenómeno del Tapado, que en la semiótica del Poder identifica a quien será el candidato presidencial en el ámbito de toma de decisión del Presidente de la República en turno –por lo que sólo éste conoce el nombre del agraciado–, es un hecho que se remonta a la tercera década del siglo XX, luego del asesinato de Álvaro Obregón en 1928 como presidente electo. En esta sección, comentaremos algunas de las anécdotas más sobresalientes que tienen que ver con tal fenómeno político, propio de nuestro sistema político.

 

Surgimiento del Tapado

El contexto que da origen a este fenómeno, se ubica en la finalización de la Revolución Mexicana. Atrás quedabas las luchas armadas para hacerse con el Poder. El binomio Calles-Obregón lograría aglutinar a los líderes de los grupos que desde los estados del país buscaban quedarse con una rebanada de ese pastel. La creación de instituciones que sustituyesen a los caudillos abría paso a nuevos partidos políticos que se constituyeran como una federación de partidos estatales en la búsqueda de conservar las posiciones.

El asesinato de Obregón en 1928, generó una crisis en el grupo gobernante, pues eliminaba a quien aglutinaba los esfuerzos para mantener la Presidencia. Calles, conocedor del entramado que mantenía unidos a los grupos que, de otra manera, se alzarían en armas para tener el Poder, ideó un mecanismo para garantizar una sucesión pacífica y sin rompimientos.

Pero para echarlo a andar, tenía que idear una estrategia para evitar que alguno de los integrantes de lo que el llamaría “familia revolucionaria” regresara el estado de cosas a una época en la que las armas –y no las negociaciones– imponían las condiciones.

Un episodio retrata este hecho. En plena crisis por el asesinato de Obregón, el Presidente Calles se reúne con generales del ejército para plantearles que se debían mantener al margen de la situación, y que ninguno de los presentes se debía postular como candidato.

A nombre de los militares, el general Juan Andrew Almazán aseguró que tras las conversaciones con Calles y otros jefes del ejército, estaba convencido de que para evitar una división al interior de la fuerza armada los más conveniente era que el Presidente provisional fuera un civil, lo que no impedía que si algún general deseaba recorrer la ruta para regir los destinos del país, debía hacerlo expresando con franqueza sus intenciones para buscar el apoyo de la opinión pública y del pueblo, pero no dentro del ejército para evitar la citada desunión.

La reunión entre Calles y los generales terminó con el acuerdo de que ningún militar buscaría la presidencia provisional y que el Presidente instruiría al Congreso acerca del nombre del mandatario interino.

Esto permitió a Calles coronar con éxito su estrategia, pues previamente había entregado la investigación del asesinato de Obregón a los partidarios de éste, había nombrado secretario de gobernación a Emilio Portes Gil –convirtiéndolo así, en el primer ensayo para afinar la figura del tapado–, y sentaba las bases de lo que sería la institución que procesara los acuerdos para el acceso al Poder, el PNR o Partido Nacional Revolucionario –abuelo del actual PRI–, con toda la carga ideológica que le diera sustento al nuevo organismo.

Portes Gil sería elegido por los legisladores como presidente provisional, de acuerdo con el plan ideado por Calles. El nuevo partido estaba en funcionamiento, en tanto se reponían las elecciones por la muerte del mandatario electo.

Calles preparó el terreno para la nominación del candidato para las elecciones de 1929. Se nombró secretario de gobierno a Pascual Ortiz Rubio, quien al momento de la designación era embajador en Brasil –él había renunciado en 1921 a la secretaría de comunicaciones y obras públicas por fricciones con otros miembros del gabinete, siendo nombrado embajador en Alemania–, lo que garantizaba a alguien que necesitaba asesoría para gobernar, algo medido en el plan de Calles para mantenerse en el Poder.

En paralelo, el gobernador de Nuevo León, Aarón Sáenz, buscó alcanzar la nominación recogiendo el apoyo de caciques y partidos estatales para la convención del PNR del 1 de marzo de 1929.

Rubén Narváez, en su libro La Sucesión Presidencial, relata que los 950 delegados asistentes a la Convención estaban comprometidos con Sáenz y no con el exembajador Ortiz Rubio, pero que cuando el propio exgobernador se dio cuenta que los partidarios de Calles apoyaban al michoacano, prefirió desistir de sus intenciones.

Manuel Reyes, delegado por Zacatecas, manifestó que Pascual Ortiz Rubio era el mejor hombre de la familia revolucionaria y el único que podía salvar al país. Se consumaba la nominación y el candidato del PNR triunfaría en las elecciones del 17 de noviembre de 1929.

El tapado se volvería una costumbre en el sistema político del partido en el Poder y se demostraría que sus máximas se cumplirían al pie de la letra, como esa que reza –recordando el intento de Sáenz– “No será Presidente a quién le amontonen la gente”.