Ser periodista

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Felicidades éste 4 de enero de 2021, a quienes dedican su vida a difundir el acontecer de la sociedad, lo bueno y lo malo, pero que satisface la necesidad de la colectividad de estar informada, son los ojos de los demás los que buscan y encuentran la trascendencia de los hechos, que a la larga impactan la vida de las personas, para ver en esos ejemplos lo que no debe ser, para prevenir con esa información, lo que le puede suceder a cualquier persona y, no es por chismosos, ni escandalosos, alarmistas –aunque también los hay– o los que difunden por negocio, información falsa. Pero afortunadamente son la minoría.

La profesión de periodista –que no el oficio– es aquella a la que se dedican muchas mujeres y hombres por vocación, estar informado, estar más allá de informarse, conocer, hurgar, investigar a profundidad el porqué de los hechos que conforman el fenómeno social para difundirlo. Los que se preguntan por qué sucedieron las cosas, un accidente, una desgracia o un fenómeno ajeno a la voluntad humana. Los que buscan respuestas de por qué, tal o cual persona actuó de determinada manera, qué orilló a un delincuente, a un asesino a cometer un crimen. Qué provocó que una persona actuara de manera violenta para volverse delincuente. Qué razón impulsó a un individuo a dedicarse a una actividad o profesión y desentrañar el verdadero motivo de sus intenciones. Qué provoca a un político, funcionario o figura pública a hacer o no hacer algo. Es el que durante años de lectura observación y escritura diaria, acumula información, que desordenada no puede interpretarse, pero, que, puesta en el orden periodístico, ofrece un producto terminado que orienta y ayuda a una sociedad a descubrir datos que de manera aislada pasarían inadvertidos. Los periodistas son los ojos, los oídos, la voz, el corazón de una Patria.

Esas mujeres y hombres que sienten a flor de piel y en el corazón la necesidad de hacer algo por sus semejantes, advertirles a veces de lo que un individuo malo hace de bueno, para después hacer cosas malas impunemente.

Los periodistas son esas personas que viven el día a día, con la mayor intensidad de sus vidas, imprimiéndole a su trabajo corazón, pasión, cerebro y vida. Son esos que además saben que, en la búsqueda de la verdad, en la noticia, arriesgan su vida y un día puede ser el último de su trabajo.

Son esas mujeres y hombres, que viven al día, sin lujos y a veces sin dinero para el transporte, para llevar el sustento de sus familias. Son muchos que pasan días y hasta años escribiendo diariamente, sin recibir pago alguno, con el pretexto de explotar su afán de difundir sus ideas, analizar, conocimientos y experiencias, para contribuir a conformar una consciencia social y la opinión pública. Porque finalmente son la consciencia de una sociedad, que enarbola sus banderas, sus necesidades, sus inquietudes y sus anhelos y a veces sus esperanzas. Pero también son reproche, son el grito de rabia, impotencia y coraje ante las injusticias de la vida y las miserias de la humanidad.

Sus palabras, muchas veces son interpretadas como sentencias, como dedos flamígeros que señalan al traidor, al cobarde, al mentiroso, al falsario, al que pretende engañar a la sociedad. Es por eso que a veces, la profesión de periodista es atacada, censurada y mal vista por los poderosos. Y, sin embargo. Permanece.

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