La sucesión presidencial y la reforma eléctrica

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Xóchitl Patricia Campos López

Los escenarios de la aprobación de la reforma eléctrica en el Poder Legislativo; con todo y las concesiones hechas a la oposición, indicaban dos representaciones: Si la reforma era aprobada, el lopezobradorismo confirmaría la hegemonía del nacionalismo revolucionario y la aceptación social para el centralismo económico del Estado. Por el contrario, si los resultados resultaban adversos para la propuesta morenista, como finalmente sucedió, el Ejecutivo tiene que deconstruir el valor a los elementos nucleares de su discurso referentes a la aporofobia, exclusión, clasismo y racismo que distingue a la coalición oligárquica del PRIANRD y el sector empresarial; por lo que justificará la necesidad de una gobernabilidad autoritaria mediante el decretismo y, probablemente, el desacato a las instituciones. En ambos escenarios, AMLO y Morena tendrán un resultado positivo independientemente de la evolución que tomen las cosas.

La segunda mitad del sexenio representa el espacio definitivo y limitante para los macroproyectos de López Obrador, el presidente debe actuar a todo vapor para conseguir la trascendencia material que la modernización del sur mexicano requiere. En cualquiera de las dos atmósferas, la base electoral y simpatizante del presidente va a crecer y consolidarse. La votación en contra de la reforma eléctrica, así como una probable crisis económica derivada de la situación, tendrá a los mismos responsables. El PRIANRD será culpabilizado de todo y el Ejecutivo tiene los elementos para evidenciarlos. La oposición a Morena carece de nacionalismo, son entreguistas y empleados del imperialismo neoliberal y venden sus votos parlamentarios como en el caso Odebrecht. De ahí que, cualquiera que hubiese sido el resultado legislativo, Morena ya ganó la ampliación de su base electoral y simpatizante. El PRIANRD cometió un suicidio político al no votar a favor de la reforma eléctrica porque se autodesigna como el responsable de la gran tragedia nacional, el villano favorito, simplemente no encontrará electores que apoyen una plataforma electoral que se distingue, ahora si con todas las pruebas, en contra del interés de la patria. El PRIANRD y la Oligarquía han evidenciado su dependencia de las trasnacionales norteamericanas, lo que constituye un exceso desde cualquier punto de vista, más que tecnócratas se han convertido en los enemigos ideales de un justicialismo nacionalista; por supuesto, la base electoral de esta coalición estará hundiéndose.

En la situación del mundo postcovid, México se encuentra en un dilema geopolítico frente a los nacionalismos y globalismos vigentes. El debate sobre la presencia del Estado no sólo perduró a lo largo de la noche neoliberal; ahora, más que nunca, la presencia de Estados fuertes y capaces de proteger a sus ciudadanías de cataclismos de diversa índole resulta indispensable. El neoliberalismo fracasó y el mundo postcovid debe prescindir de Estados Unidos, se advierte una humanidad multicivilizatoria con distintos proyectos de crecimiento económico y modernización. Todos viables frente a la crisis planetaria que se está viviendo.

El trust estadounidense que ejecuta una presión mediante el cabildeo legislativo y la fachada de sociedad civil, así como una amenaza de golpe de estado blando, simplemente no quiere perder el privilegio del imperialismo; pero la crisis del COVID-19 enseñó que el mundo ya no necesita de Norteamérica y ésta no puede tomar a México del modo subordinado y neoextractivista como quieren los miembros del PRIANRD, México tiene que fortalecer su estado, infraestructura y coadyuvar al crecimiento y desarrollo del Sur por los escenarios de migración y cambio ambiental que se aproximan.

El siglo XXI será el tiempo de los grandes conflictos por el agua, los alimentos, el aire y las enfermedades. De ahí la indispensable medida de fortalecer los Estados y sus gobiernos en todo el mundo, la crisis ambiental fue provocada por una voracidad económica que se ha olvidado de la responsabilidad social frente al estímulo de la crematística. El Covid pudo haber terminado con la humanidad, fueron los diversos gobiernos, los Estados Nación, quienes rescataron a sus ciudadanos. Durante la pandemia, el Estado volvió a ser el nuevo príncipe. Y la lógica del centralismo estatal se mantiene en diversos países incluso en la ambigüedad de izquierdas y derechas, las sociedades quieren sobrevivir y las empresas no hacen nada por ellas.

El conflicto verdadero será en 2024, por lo pronto el presidente asegura y amplia su base de apoyo mientras el PRIANRD la pierde. La segunda mitad del sexenio será definitiva para la Cuarta Transformación. Es probable que Morena garantice el flujo electoral para mantenerse en la presidencia, pero también será necesario replantearse la relación económica con Estados Unidos para limitar su intervencionismo variopinto. Simplemente, si México cae, los Estados Unidos también. Si en el 2024 el Partido Republicano recupera el poder de la Casa Blanca, el proyecto del centralismo estatal se profundizará en ambos países. Por lo pronto, los litigios empresariales y la guerra mediática continuarán en una situación de crisis energética para México y el Mundo. El debate no son las energías limpias sino qué hacer en un mundo sin Estados Unidos.rica y las necesita de Norteam´lando, simplemente no quiere perder el privilegio del imperialismo. a con distintos proyectos de