Rehacer el modelo de desarrollo

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Las lecciones que han dejado los ajustes en precios, tarifas e impuestos, tanto a nivel nacional como en la CDMX, tienen que ver con una evidencia más de que el modelo de desarrollo actual ya no responde a las necesidades de la producción y que su política económica sólo produce mayores sacrificios sociales.

Los dimes y diretes entre congreso, gobierno federal y ciudadanos resultan insuficientes. El problema no es contener los precios artificialmente y desestabilizar las finanzas públicas ni aumentar precios, tarifas e impuestos porque el daño al salario sería una carga adicional de crisis. Y suponiendo que haya un acuerdo para aceptar lo inevitable, el próximo año se volverá a presentar el mismo problema.

La política económica es derivación del modelo de desarrollo. Por tanto, los partidos y funcionarios debieran aceptar la conclusión de que esas dos variables ya no sirven para un país en crisis. La actual estructura productiva fue creada para un país que ya no existe. El modelo de desarrollo en vigor apenas puede satisfacer las demandas de empleo y bienestar del 40% de los mexicanos. La tasa máxima de crecimiento es de 3%, cuando la población económicamente activa que se incorpora cada año requiere de un PIB de 7%.

El gobierno federal panista tuvo la posibilidad de entrarle de lleno a la reformulación del modelo de desarrollo porque el actual fue diseñado por los tres pilares del sistema económico priísta: el Estado, la Constitución y el PRI. Los tres ya no son los de antes. De ahí que actualmente estén dadas las condiciones para debatir el salto cualitativo hacia un modelo de desarrollo que pueda lograr tres objetivos: convertir a México en una potencia económica, satisfacer las necesidades de 130 millones de personas y crear un sistema económico que dinamice la democracia política.

Lo  malo, sin embargo, es que los partidos están ahogados en un pantano de mezquindades. El PRI no quiso reformas porque supone que se va a recuperar y no sabe gobernar más que con los instrumentos del viejo régimen. Al PAN le ha faltado horizonte histórico para encabezar la iniciativa de rediseño del modelo de desarrollo. Al PRD se ha quedado con las migajas del viejo populismo priísta que le ha asegurado cuando menos el control político del Distrito Federal. Y Morena reproduce estos mismos vicios.

La mediocridad de partidos y político se encuentra en el fondo de la crisis aparentemente perpetua. Pero ya es hora de que los partidos se despabilen y piensen en el futuro, no en los pequeños espacios de poder del corto plazo.