“Anayamiento” de morada. La pifia de una campaña

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Pues sí, el desacertado tropiezo que ha sido el retorno de Anaya a la política y la forma en que lo ha hecho, se resume en la mofa colectiva a sus videos, sosos y de un contenido tan burdo que terminan en evidenciar una mala estrategia de comunicación política, irrefutable, catastrófica. Hablar de “anayamiento” refleja bien la mala recepción de las incursiones del panista invadiendo la privacidad de los mexicanos jugando con su apellido. Una campaña seria no generaría tan pronto semejante mote tirando a burla directa contra su protagonista. Eso le sucede a Anaya. No puede alegarse éxito. Que lo entiendan de una vez por todas sus seguidores ya si no contamos con el entendimiento de su protagonista y sus extraviados asesores.

Años defendiendo la privacidad de los mexicanos ante la arbitrariedad priista, como para que ahora venga Anaya y la mancille y encima criticando el modus vivendi de la gente. La pobreza de propuesta que entrañan sus videos genera conmiseración y burla antes que admiración. Anaya está pésimamente asesorado. Y como no propone, se queda en el ataque vil, descontextualizado y perdido; y así se la gana a pulso.

No, esos videos no existen para dividir votos y reclamar futuro fraude. No, esos videos no son para entretener al respetable –de tan malos, se ganan el repudio salpicado de humor, que no es lo mismo– y eso demuestra el fracaso de una campaña que no es buena.  No lo es, esa campaña es un fracaso. No le aplica ni cabe por despiste suponer que lo importante es que se hable de Anaya. Pensar eso es refrendar una mediocridad comunicacional que se asemeja más al pensamiento priista que tanto alardeaba aquello de que hablen mal, pero que hablen. No. Mediocridad pura, a fin de cuentas.

Y es que asumir que lo importante es que se hable de Anaya aunque sea para mal, no es lo adecuado porque se trata de que se posicione como candidato fuerte y triunfador en la carrera por la presidencia de la República en 2024. Y eso implicaría que se hable bien para sumar votos y ganar. Y no está sucediendo. Esa regla sencilla en política no ha cambiado ni tiene porqué cambiar por tratarse de Anaya. Si se habla y para mal, como está sucediendo, mofándonos de su “anayamiento”, la campaña es un rotundo fracaso y lo es, sumando animadversión y percibida como invasiva y torpe. Porque no es propositiva. No hay forma de que derive en triunfo. Se requiere que se hable bien de Anaya y se está hablando para mal y con mofa. Es muy sencillo de entender.

Eso sin contar con que otra vez, Anaya no aborda los temas que importan a la gente de la que supuestamente quiere su voto. Y cuando se sube al transporte público, no encaja. Le pasa como a Hillary Clinton: no puede sacudirse su tufo y su clasismo. Simplemente, no se le da. ¿En verdad apostarán por Anaya los que lo apoyan? Bueno….

Es que tampoco hay de dónde escoger entre la oposición, dicho sea. Si con esta atropellada campaña busca la presidencia, cosa confesada por él mismo, es muy válido (otra cosa es que sea muy fracasado el intento) y si lo confiesa, pues entonces ya no hay que darle ni tantas vueltas ni hacer tantas elucubraciones. Si Anaya hace estos videos y se toma la molestia con falsa modestia de visitar 1000 municipios –ni uno más ni uno menos– uno se queda ojiplático fingiendo sorpresa e interés por la vida de Anaya y es porque quiere ser presidente. Amén de que ahora sí hace campaña y no como en 2018 nada más imponiéndose y así le fue, perdedor de aquella contienda. El panista se tropieza una y otra vez con el mensaje que nos da y que es un baturrillo de ignorancia, impostura, sobreactuación y mucha víscera que lo ciega, ya que su mensaje de odio a López Obrador le impide ser imparcial. Si ese es su eje discursivo, ya valió. Remacharlo con ese tonito de voz a punto del llanto, es peripatético.

Anaya demuestra en sus videos que es fácil escupir al cielo y salpicarse. Al decir que recorrerá el país, 1000 municipios, nos alerta de lo que no hizo en 2018 queriendo ser presidente. Debía. Al recorrerlo ahora sí para palpar su realidad nos confiesa que está bastante alejado de esa realidad que desconoce, pues la ha “conocido” hasta hoy sobre todo y ante todo desde las cúpulas y las oficinas burocráticas, incluyendo el presidir la Cámara de Diputados federal y no a nivel de calle. Haberla presidido no lo hace conocedor de la realidad nacional y menos acusado de recibir fajos de billetes. Es importante que no lo olvidemos. Qué bueno que ahora sí busque el voto, ya que todos sus cargos gubernamentales los obtuvo por dedazo, incluido ser inscrito en una lista para ser plurinominal. Puede ser que por fin viva la experiencia de recibir votos.

Anaya confiesa con su prepreprepreprepreprecampaña – válida, mas quien sabe si exitosa como la de Fox– que la pobreza que muestra, el deterioro que constata, la desigualdad existente no nacieron con Morena y López Obrador y que no se lo calle o nos obliga a decirlo; sino que son la suma de los gobiernos priistas y panistas, panistas como su filiación partidaria y el gobierno al que perteneció como subsecretario de planificación turística. Así que escupiendo al cielo, le cae encima. Anaya va fatal porque callándolo, miente, manipula y es inadmisible su proceder.  La soberbia traducida en sabelotodo, sí que pinta para tal.  Y eso destilan sus videos. Va fatal.

Vox Populi, Vox Dei. Si la gente se ha mofado de sus incursiones en viviendas humildes, en afectadas poses fingiendo condolerse de la pobreza que apunta a los sexenios en que ha estado activo y que puede agradecérsele, lo menos que cabría esperar del flamante viajero justiciero, es sensatez. Cuando el popolo ha calificado de “anayamiento” de morada sus incursiones, está diciendo con una claridad cartesiana entendible para todos, sí, para todos, que la campaña ha fracasado limitándose a ser recordada por semejante práctica fingida, invasiva y criticona. Está alertando que más valdría suspenderla y cambiar de estrategia; complicado asunto sin darse balazos en los pies y esa mofa está diciéndonos a todos que hablar mal de la campaña la torna en rotundo fracaso. Si buscaba empatía e interés, no las consigue. No las está consiguiendo salvo entre conciencias afines y hasta ahí. Al panista le sucede exactamente lo mismo que a su partido: pensar que basta con ganarse a los adeptos ya existentes y ya es ganar. Si no comprenden que México no es enteramente panista, la tienen complicada porque el fracaso permanente está garantizado. No les dan los votos para ganar por sí solos. Y que lo entienda quien pueda, porque estas alturas en el equipo de Anaya solo se le puede decir así: ya quien pueda ya que no quieren.

Su gira sí que es de una pobreza total de ideas y propuestas que mejoren el patio.

Y es que para ser un confeso candidato a la presidencia, Anaya se queda corto. Y va haciendo el ridículo por ahí con esos videos mostrando la misma ropa y el mismo ceño fruncido. Apostando al odio a López Obrador afirmando disparates tales como el “es que no quieren que te enteres” aseverándolo como si le constara, con un tuteo sobrado y majadero, que resulta revulsivo y chocante; pero al flamante vengador no se le oyen propuestas serias, sensatas y basadas en la realidad nacional que mejoren lo existente. No, ataca y nada más. Y con bastante desatino. Lo fácil, pues. Si en 2018 Anaya aparecía tocando una flauta como buscando más ganarse un sitio en la Filarmónica y no la Presidencia de la República, en 2021 nos inquieta sobremanera mostrándonos que su soberbia no le dejó aprender nada del pasado y desgastado y antipático se saca de la chistera como mago de quinta, el poner como eje discursivo las caguamas y con aire censor de típico charlatán metido a pastor presbiteriano yanqui del salvaje oeste, se apunta a reclamar con moralina trasnochada que México no necesita que la gente gaste en caguamas, a juzgar por como lo recriminó. ¿Esa es la propuesta profunda, ese el eje discursivo que estamos oyendo todos? ¿ese es el mejor candidato que el candidato López Obrador y que presume de que será mejor presidente que el presidente López Obrador? No, pues gracias y a otra cosa. Es que se trata de avanzar y no de retroceder, porque así, retroceder nos lo garantiza Anaya.