De Tapados y Destapados: La sucesión rupturista de 1970

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El conflicto estudiantil de 1968 tuvo como escenario la disputa por la candidatura presidencial entre el secretario de la Presidencia, Emilio Martínez Manatou, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría Alvarez, el secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, y el jefe del departamento del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal.

A Díaz Ordaz le había tocado participar como oficial mayor de Gobernación en la operación sucesoria de 1958 para favorecer Adolfo López Mateos. En el conflicto con los sindicatos controlados por el Partido Comunista Mexicano y con el sindicato de maestros se encontró con la colaboración subordinada del entonces oficial mayor de la Secretaría de Educación Pública, Echeverría.

A la victoria de López Mateos, Díaz Ordaz ascendió a secretario de Gobernación y se llevó como subsecretario operativo a Echeverría, un funcionario eficiente y callado y que se ajustó al estilo autoritario de su jefe.

La sucesión de López Mateos a Díaz Ordaz fue fácil por un supuesto pacto político entre los dos funcionarios cuando habían sido compañeros y aliados muy cercanos en el Senado de la república, pero también por el hecho de que en los dos últimos años el presidente López Mateos padeció de una enfermedad neurológica que le sometía a periodos gravísimos de migrañas y el gobierno quedaba en manos del secretario de Gobernación. En este sentido, Díaz Ordaz operó la sucesión presidencial a su favor.

Político de pensamiento inflexible, Díaz Ordaz prefiguró la tradición institucional de que el encargado de la política interna debía ser el siguiente presidente de la república. Echeverría ofrecía la imagen de un funcionario tradicional y subordinado a la autoridad presidencial, callado y sin opiniones propias. Las opciones a las que se enfrentó en 1969 para decidir el candidato se dieron en el contexto de una grave crisis política derivada del movimiento estudiantil del 68, del cual se había salido con la crisis en Tlatelolco el 2 de octubre cuando las fuerzas militares fueron atacadas desde el techo de los edificios y la respuesta castrense provocó muchos daños.

En este sentido, la continuidad política se presentaba como la única opción de estabilidad, frente a la otra alternativa que tenía Díaz Ordaz en la figura del político tradicional Martínez Manatou como secretario de la Presidencia ajustando sus funciones solo a temas de inversiones productivas que nada tenían que ver con la política del poder.

El carácter personal de Díaz Ordaz era duro, verticalista, inflexible y autoritario; su primer conflicto al arribar a la presidencia en diciembre de 1964 fue el paro de labores de médicos del sector público por razones salariales y la exigencia de una audiencia personal con el presidente de la república. Díaz Ordaz los recibió en el despacho presidencial de Palacio Nacional, pero no para escuchar demandas o negociar salidas sino solo para mandar el mensaje unidireccional de que era la primera y última vez que alguien buscaba algún encuentro directo con el presidente a base de presiones callejeras. Los médicos salieron atemorizados y muchos de ellos prefirieron autoexiliarse.

Como secretario de Gobernación, Echeverría fue una calca de los estilos de Díaz Ordaz, aunque ya como candidato se abrió a la negociación con sectores disidentes que ayudaron a distender el clima político y social, pero que provocaron los primeros enojos del presidente saliente y los indicios iniciales de sensación de haberse equivocado en la selección de su sucesor.

Echeverría fue el primer candidato que estableció una ruptura total con su antecesor, inclusive desde la campaña y con un instante de vacilación en el que el presidente de Díaz Ordaz estuvo a punto de quitarle la candidatura.

Los últimos años de su vida fueron de amargura para Díaz Ordaz por haber escogido Echeverría.

 

Juego de las sillas

  • Primero eran tres, luego se agregó un cuarto y hay versiones de que podría haber una nueva terna.

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