Ucrania y Centroamérica

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Gerardo De la Concha

Una de las premisas del orden mental es jamás comparar lo incomparable. Cuando alguien lo hace es síntoma de tres cosas: confusión mental, ignorancia, infantilismo.

En el proceso de degradación de la figura presidencial que vivimos en México, además de querer identificarse con el lumpen, rebajar el lenguaje para su investidura, agredir, ser grosero en menoscabo de su representación, hablar de todo y de nada, mentir con descaro, sustituir el trabajo de gobierno con un incesante bla bla bla, convertir la demagogia en política de Estado, también está de parte de López Obrador el decir ocurrencias que no tienen ningún sentido.

El mayor acontecimiento en lo que va del siglo XXI es, sin duda, la invasión de Putin a Ucrania. El riesgo real del inicio de una tercera guerra mundial ha estado presente desde que esta crisis comenzó.

Las implicaciones geopolíticas y la repercusión internacional que la invasión provocaron, al romperse las normas del derecho internacional al tratarse de la agresión militar a un país soberano, no tienen comparación. Es una urgencia para el mundo.

No hay nada comparable a esto. Quien se dice estar en contra de la ingerencia internacional, ha tratado de minimizar este hecho con poses de falso pacifismo y neutralidad.

Pero ahora el presidente (es un decir) agrede el sentido común, porque Estados Unidos decide, de acuerdo a su soberanía e intereses, la ayuda urgente que su Congreso acordó para Ucrania, y los critica por no decidir así «ayudar» a los centroamericanos, es decir, financiar los corruptos programas del obradorismo, regalarle dinero a los corruptos gobiernos centroamericanos y tirar los fondos del pueblo estadounidense como él lo hace con los recursos públicos mexicanos.

Tengo tres años que publiqué en Epoch Times un artículo acerca de la necesidad de volver a echar a andar la Operación Tigre, el trabajo conjunto de Estados Unidos, México y los gobiernos centroamericanos en contra del contrabando chino y el tráfico internacional de narcóticos. Así se les puede ayudar en mantener sus empleos y en contra de sus feroces pandillas, disminuyendo la migración. Pero qué sabe López Obrador de esto? Desconoce todo, solo tiene en su cabeza mentiras, engaño y desorden mental.

Otra vez López Obrador hace el ridículo y pone en ridículo a México. Ni una palabra a favor de la heroica resistencia del pueblo ucraniano, ninguna condena al asesinato de civiles, de mujeres y niños y la destrucción por el invasor de ciudades enteras. No, solo la indiferencia y el uso de esta tragedia para promover sus programas piteros, ignorando la emergencia humanitaria y la tragedia de 2 millones de ucranianos refugiados, comparándola con el problema de migración centroamericana provocada por gobiernos igual de corruptos como el mismo que él preside.