Juan Ramón de la Fuente. El aspirante de la prudencia

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Diego Martín Velázquez Caballero

El contexto político mexicano se polariza conforme se aproximan las elecciones del 2024, aún cuando se pretende abrumar de candidatos a la sociedad para confundir las opciones en la disputa por la presidencia de la república; dos frentes pretenden construirse como los bloques antagónicos totales que pintan la sucesión presidencial como una lucha absoluta del bien contra el mal. El presidente López Obrador ha elegido un bando para defender el proyecto que lo elevó al poder en 2018, y resulta lógica su postura además de necesaria; pero, continuar con un radicalismo excluyente terminará por ahondar la brecha entre el México profundo y el México aspiracional. Se piensa en los Generales Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho -ojalá que sin Maximino y demás linaje caciquil- como figuras del fin de sexenio en México por el acompañamiento entre justicialismo y moderación que fue antesala del Desarrollo Estabilizador. En dicho escenario se inscribe la figura del ilustre médico psiquiatra Juan Ramón de la Fuente.

Lázaro Cárdenas comprendía la necesidad de empujar su proyecto como un ajuste histórico ineludible que demandaba el espíritu de la revolución mexicana. López Obrador se encuentra en circunstancias más que semejantes. La elección de 2018 fue un mensaje estrambótico de la sociedad para con los poderes institucionales y fácticos del país. Disminuir su importancia es semejante a negar la magnitud de las fuerzas revolucionarias a partir de 1910, pero una mitad del país no puede estar pretendiendo destruir a la otra. O, al menos, no puede negarse la importancia de la minoría oligárquica que maneja los hilos del poder económico en México. El país no puede pelearse eternamente por la herencia del pasado.

Y pese a todas las imágenes negativas del Gral. Lázaro Cárdenas, es el presidente que modernizó México en la forma más severa del concepto. Fue necesario el complemento del avilacamachismo a forma de ralentización del proyecto progresista justicialista. Y las cosas salieron bien.

Juan Ramón de la Fuente no es, por completo, un flanco progresista de la Cuarta Transformación. Su desempeño profesional y político, lo ha llevado a colaborar con todas las fuerzas partidistas y cumplir efectivamente las tareas encomendadas. No debe olvidarse el impulso social que significó el tema de las medicinas genéricas, la asesoría del sistema de salud en la agreste época neoliberal y la importante dirección de la Máxima Casa de Estudios en el país. Los aciertos diplomáticos en el mundo del covid y de la guerra, tampoco pueden ser disminuidos.

López Obrador tiene que impulsar la Cuarta Transformación hasta el límite, pero sólo tiene la garantía de hacerlo durante su mandato. Después, puede resultar indispensable un gobierno de transición hacia una nueva época, un nuevo sistema político y un nuevo mundo donde la medicina, física y del alma, resulte forzosa.