Alianza o coalición quilt

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Los políticos opositores tienen una labia muy floja y superficial cuando tratan de vender acuerdos plurales con otras fuerzas políticas, pero carecen de profundidad estratégica para llevar a la práctica las posibilidades de acuerdos plurales.

El PRI se acostumbró a moverse en el territorio de las imágenes: de 1946 a 1982 su candidato presidencial fue acompañado por los partidos-rémora PPS y PARM, luego regresó a competencias en solitario en las elecciones de 1988, 1994 y 2000 y en las de 2006, 2012 y 2018 de nueva cuenta asistió acompañado.

Lo que en un comienzo fue más bien una pluralidad falsa, después tuvo que asumirse como una necesidad ante la declinación electoral del PRI. y para el 2024 el tricolor asistirá en el segundo sitio de una alianza que domina el PAN, su adversario histórico, y que los dos jalan con dificultades el fardo en que se ha convertido el PRD.

Las alianzas son importantes en tanto que parten del reconocimiento de una crisis de existencia de los partidos políticos en función de las reglas tradicionales de la democracia: un determinado número de votantes y la identificación clara de un mínimo de militantes.

La disminución de la base electoral de los partidos puede ser vista como un reflejo de la despartidización de la sociedad y de la transformación de las elecciones solo en la estimación de personalidades. En los años setenta, el PRI se jactaba de una base militante de 15 millones de votos derivada de la organización corporativa que fundó el presidente Cárdenas en 1938, aunque la realidad representaba la obligación de militar en el PRI para poder hacer política.

El modelo de alianzas partidistas ha resuelto la falta de educación política de la sociedad y se ha olvidado del papel de los partidos como mecanismos de intermediación de militantes y votantes en función de la identificación de las demandas sociales que deben ser llevadas al sistema de toma de decisiones vía el mecanismo de representación legislativa.

Los partidos de militantes obligaban a los liderazgos políticos a cumplir compromisos. Pero con la disminución de la militancia o la obtención del voto sin pasar por el partido, las estructuras de organización política dejaron de preocuparse por una vinculación más directa con la sociedad.

La crisis de intermediación de los partidos de todos modos existe en tanto que los candidatos llegan por un partido, su escudo y las ofertas, aunque a la hora del trabajo legislativo o del cargo público la representación popular queda en el último lugar.

Y el asunto más complicado radica en la pluralidad de los programas ideológicos de los partidos, partiendo del hecho de que la autoridad electoral exige la presentación de filosofías políticas y programas pragmáticos de gobierno, aunque más tarde nunca vigila su cumplimiento.

La construcción de alianzas ha llegado a la eliminación de representaciones sociales y se ha colocado en el nivel de decisiones generales que pueden satisfacer a todos. Las coaliciones legislativas se basan en compromisos de corto plazo que se negocian a espaldas de los electores. Y luego ocurre que un partido que encabeza una alianza tiene la obligación de conciliar entre sus aliados algunos proyectos que más tarde pierden efectividad en aras de quedar bien con todos.

Las leyes electorales deben ser más precisas en la construcción de alianzas, porque en la coalición Va por México asiste el viejo PRI revolucionario, el PAN conservador, el PRD neoliberal, el sindicato patronal de la Coparmex y los intereses del empresario ultraderechista Claudio x González.

Los electores deben tener claro si se trata de una alianza inteligente o de una coalición quilt, esa colcha armada con pedacería tejida de parches de diferentes colores.

 

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