Imagina el lugar del otro a la hora de pensar

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Los hábitos y las creencias están ligados a nuestra percepción de la realidad; es muy importante considerar esta tesis. Los que poseen mayor relieve ético se encuentran vinculados en particular, y desde su origen, a la percepción de los otros miembros de nuestra especie, nadie está solo en este mundo.

Hemos recogido tres órdenes distintos de datos. En primer lugar, que la ética tiene un carácter evolutivo, no hay de otra. En segundo lugar, que la revolución cognitiva de nuestro tiempo, representa un cambio radical del sistema de hábitos y creencias heredados de los mundos agrario e industrial anteriores, es importante saberlo.

Y, por último, existe en la cultura una necesidad de hábitos y creencias, los cuales, por demás, están ligados a la sensibilidad, como lo muestran la biología de la conducta, la psicofisiología y el propio hecho cultural de la moralidad.

Una ética para nuestro tiempo debe asumir los cambios y estar dispuesta al cambio. Adoptar, en particular, un punto de vista cognitivo es lo más consecuente con ello, pues todo lo que nos consiguen los hábitos y las creencias por sí mismos, por no disponer de tiempo para arraigar, puede ser suplicio por el desarrollo cognitivo del individuo. Esto es complicado.

Pero a la vez que este punto de vista la ética debe contar con el apoyo de la sensibilidad y el rescate, en especial, de los sentidos del tacto y la mirada, que hacen de la ética una tarea entre seres vivos y presentes, más que un cálculo estratégico.

Lo que importa ahora es el orden de procedimientos que ha de servir de base para una ética del mínimo común moral. De modo que hay al menos tres principios que pueden satisfacer la orientación cognitiva de una ética de este signo: Primero, pensar por uno mismo. Segundo, imaginarse en el lugar del otro a la hora de pensar. Tercero, pensar en forma consecuente con uno mismo.

Además, los tres principios mínimos propuestos involucran elementos relativos a la imaginación y los sentidos, sin los cuales y repetido que una ética, particularmente la de un mundo cada vez más tecnificado y virtual en lo humano, ni tiene demasiado sentido ni es capaz de ser puesta en práctica, quedándose en un mero formulario de intenciones.

Lo fundamental para una ética del mínimo común moral es que cada uno piense por sí mismo y no por cuenta de otro o bajo pretexto de otra cosa que no sea su pensar desprejuiciado.