Retornar a clases presenciales: un error colectivo

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En las actuales condiciones no cabe duda de que no es un momento apropiado para favorecer el retorno a clases presenciales. Sorprende que no se entienda y para que gane el sí al retorno, se echa mano de lo que sea, no desde la SEP y téngase eso claro, sino desde quienes desearían ese regreso en estos momentos, que son otros. Y que anteponen su sordera a su entendimiento.

Nadie niega que la clase presencial es mejor. Por ello UNICEF no descubre el hilo negro. UNICEF será muy UNICEF pero que no le quepa duda: todos queremos regresar a clases presenciales, pero no son las condiciones apropiadas en el mundo entero, por mucho que se esfuerce en decirnos y remarcarnos que México es de los países que más ha tardado en reincorporarse. Ya podría preguntarse las razones.

¡Qué descubrimiento el de UNICEF! Pues dígase también: México es de los que menos vacunas ha suministrado y tiene cero contagios en escuelas porque no son presenciales de momento. Y se dice que solo con una población al 70% vacunada, ya se puede sentir esa masa como en resguardo. Juntar a tanta gente en salones de clase, es suicida. Y no solo acuden niños.

Que no se olvide UNICEF –cuyo informe clamando retorno presencial es usado por los detractores de López para golpearlo–y que recuerde que otra dependencia de ONU, tal y como lo es ella, la OMS, ha recomendado desde el primer día de la pandemia el no generar concentraciones de personas y todos entendemos con claridad que acudir a clases presenciales es generar concentraciones. De esas que OMS desaconseja. Y México es de los países con mayor número de muertos por tales reuniones de toda laya. UNICEF que no lo olvide y quien tenga entendimiento, tampoco. O los organismos de ONU se ponen de acuerdo en el criterio a seguir frente al COVID-19 que es asesino o mejor guardar silencio, que nada más confunden. Aludimos a tales organismos porque es mucho pedir sensatez a los opositores de López.

Dígase esto a los opositores a López Obrador que en el retorno a clases se agarran para su tradicional golpeteo usándolo como piedra arrojadiza, valiéndoles un pepino la salud colectiva de los alumnos y profesores y de las familias de tales en inevitable contacto; todo sea por golpetear. Así, destacan diciendo que otros países ya regresaron. Si otros que debieron cancelar el retorno como lo emprendieron o asumir las consecuencias de elevados contagios y muertes, casualmente presentados al reanudarse las clases presenciales. ¿No hay nexos entre cada hecho? Pues ahí queda.

En la semana que terminó es que no faltó periodista que repitiera los timoratos criterios de UNICEF y su pedimento a que México regrese a clases presenciales: las escuelas no son punto de contagio, afirmaba. Respuesta:  Sí, es que los edificios no se contagian entre sí y por sí y es bueno saberlo. Sí, no son centros de contagio (de momento) porque no ha habido clases presenciales. Si bien es verdad que las acciones del gobierno federal en corresponsabilidad con los estatales –de todos los partidos, vueltos gobierno más el independiente neoleonés– no ha sido cien por ciento acertada, tiene méritos guste o no y uno de ellos es no generar la convivencia de millones de estudiantes en todo el país, en espacios cerrados –muchos mal equipados para evitar contagios– y sumemos los privados, que no todos son estupendos ni adecuados para funcionar bajo una pandemia que nadie previó.

Portugal es un magnífico ejemplo de confinamiento postregreso a clases. Y Estados Unidos, destacadamente Nueva York. Y Japón…pese al meme que lo edifica para enlodar a López Obrador. Propio de gente desinformada, ya se sabe. México se puede ahorrar la contagiadera que en esos sitios se produjo por el retorno a clases retrasándolo.

¿Hasta cuándo? Hasta vacunar a los profesores con dos dosis. Hasta vacunar a los adultos mayores –muchos en contacto con niños que pueden ser portadores del virus­. Y si no es así ¿por qué se ha sugerido que los abuelos no vean a sus nietos desde el primer día de la pandemia? esos mismos nietos son los que irán a clases. Y sí, no retomar hasta que las instalaciones se adecuen. Recuérdese: tanto públicas como privadas no están del todo acondicionadas. Unas porque sí, las públicas son precarias y las privadas de otra manera ya que no hay espacio para más salones y distribuir alumnos y ni para abrir más grupos y de hacerlo, hay riesgo de que disminuyeran sueldos de los profesores puesto que primero va el negocio, ya se sabe.

El gobierno federal ha postergado el regreso. Es correcto. La clase presencial se reanudará hasta que la autoridad sanitaria de luz verde y prevalezca el semáforo verde. No solo eso, sino con profesores vacunados. Cierto. El calendario de vacunación va retrasado y los estados que han insistido en abril pasado Semana santa son temerarios pues no se sabe como se comportará la población y qué esperar de esas vacaciones.

Y asumir semáforo verde puede ser decretándolo. Ahí entramos en otra dinámica. Hay elecciones en junio y es mucho más fácil de medir la intención de manipular el voto al vender la idea de semáforo verde que más que condicionar vacunas por votos –ecuación que no es fácil de determinar– y lo que es temible es que los estados opositores y con cambio de gobernador en estos próximos comicios vendan la idea falsa de que son gobiernos estupendos de partidos políticos excelsos para manejar  pandemia. ­En esta columna hemos visto como no lo son y así entonces, solo engañen a los electores de manera irresponsable a costa de la salud colectiva llevada a un nivel de semáforo equivocado.

Persistir desde los políticos –sobre todo, estatales– padres de familia o dueños de centros educativos de todo nivel, en un regreso sin las mejores condiciones ya descritas y limitándolo a ponerse gel en la entrada como lo pretende, es suicida. Quien lo tienda quien pueda. A esas alturas ya es quien pueda.