Covid

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Me he dado a la tarea de leer el libro “Experiencias del Año Cero” con la coordinación editorial de Mónica Martínez. Es la suma de vivencias, sobrevivencias, experiencias, tragedias y milagros. Es asomarse a la otra cara de la pandemia. Conocemos y bien la de los enfermos, la de los muertos. Nos faltaba el relato de los que lograron salvarse, con grandes consecuencias, con lamentables heridas. Son reflexiones en silencio pero a gritos. Es una calma llena de desesperación.

Es la recopilación de opiniones con verdades absolutas, otras majaderamente equivocadas y aquellas que de una u otra manera pretenden orillarnos al miedo, pero todas, sin duda alguna, tratando sobre los desconocido: un virus con condena y sentencia mortal que apareció para desaparecer a miles y miles de humanos en todo el planeta. No importa su afiliación política, su nivel cultural, su rango educativo, su fama pública, su oficio y profesión, su religión o capacidad económica, con todos ha arrasado inclusive sin respetar fronteras, límites geográficos, mares o tierra, planicies o montañas. Los servicios funerarios, las cremaciones y los panteones saturados de cadáveres disminuidos a despojos por la enfermedad. Acompañándolos, personajes todos con capuchas, máscaras, cubrebocas, desinfectantes, guantes, gorras, lentes, gel, vinagre, cualquier protección por mínima que sea para espantar a la muerte. Pero ahí están aquellos que volvieron a nacer sin ver el túnel, sin luces, sólo acompañados por respiradores artificiales y el deseo infinito del suicidio.

Ahí y afuera se inició un proceso extraño, lo practicamos todos sin darnos cuenta: la sanidad mental. Logramos un estado de aislamiento personal, colectivo y masivo. Empezamos a conocernos más por dentro que por fuera. Decidimos encerrarnos un crujías cómodas, amplias y con víveres. Los que estén en la calle se arriesgan y nos arriesgan. Este virus nos ha arrancado esperanzas, vidas y más de un año en el calendario.

Decidimos rezar, escuchar a las aves, ver los amaneceres y la conclusión del anochecer. Nuestros días se convirtieron en procesos nuevos, ya nos comunicamos a distancia, por computadoras, sistemas mundiales que enlazan, pero en esto, extrañados no hallamos certezas y si incertidumbre. Dudamos de la vida, dimos certeza a la muerte. Ahí en los hospitales, los privilegiados en cama, aspiraban a recibir un cariño, palabras de ánimo, aunque fueran de las enfermeras, los seres queridos con prohibición de acercarse. Salas de terapia intensiva saturadas, hombres y mujeres inconscientes, máquinas sujetando al enferma a la vida, mucho silencio y a la espera de que se produzca un chispazo que se traduzca en milagro.

Y se dio en algunos. Semanas intubados, inyectados, perforados en la tráquea, con alimentación nasogástrica, hombres con batas blancas, suero, olor a desinfectantes. No saber nada de nadie. La comprensión, la reflexión, la síntesis y al análisis por días anulados. Y para pocos la buena noticia, saldrán avantes. Podrán regresar a casa pero impedidos, inválidos, con secuelas gravísimas, con un sistema inmunológico obsoleto pero vivos.

Entraron en camilla, salieron en silla de ruedas, cargados de cicatrices, de nuevos bríos, encontrándose con los suyos, los más queridos, enterándose de quiénes son y fueron amigos, reclamando unas veces a Dios, en otras con motivos de gratitud. Semanas por venir de rehabilitación, con los riñones destrozados no menos que los pulmones, órganos reproductivos inservibles, amnesias voluntarias, dolores de cabeza, perdida de peso.

Saben que ellos regresaron pero dos cientos mil más en México ya no. Hoy aprecian y valoran la vida diferente. Quieren el silencio para escuchar mejor lo que antes ni percibían. Quieren oler y probar lo mismo, no importa, pero con ansias distintas. Se van recuperando pero hay otro dolor, no el físico sino el moral, el espiritual.

Las líneas de este libro son copia de relatos estremecedores, esos que no entienden por hay quienes han comerciado políticamente con la enfermedad, con las vacunas y con la muerte. Este libro nos autoriza a encontramos con los milagros que de alguna forma dominaron al virus. Aún son pocos, esperemos se multipliquen las buenas nuevas. Ahora a continuar leyendo para tratar de entender.

Conductor del programa Va En Serio MexiquenseTV canal 34.2