3 de 3, qué oculta Lorena Cuéllar; Morena + Obrador = a corrupción

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Aburrido, sin espacios de imaginación y con políticos que cada que hablan escupen mentiras, así transcurrió el debate entre los candidatos al gobierno de Tlaxcala. Condenada al fracaso, Lorena Cuéllar, la candidata de Morena, habló como lo hacen las personas en estado etílico. Como Obrador ella tiene sus propios datos. Con descarado cinismo habló del reino de la fantasía. En realidad, la candidata de Morena fue un remedo, una caricatura de sí misma. No llegó a debatir sino a declamar. Ya sabemos que la mentira se le pega como segunda piel, los electores la pudieran ver desnuda y sin sustancia, desencantada de sus orígenes.

Cuéllar se presentó en estado sonambúlico. Cuando el “debate” estaba en su etapa final, la de Morena tuvo la ocurrencia de decir que en su gestión como alcaldesa en el río Atoyac – Zahuapan –uno de los más contaminados del país– la gente iba de picnic a pescar pejelagartos.

Tlaxcala tiene los ríos más contaminados del país, pues contienen plomo y otros desechos químicos. El agua en la entidad es de las más tóxicas, de ahí el exorbitante número de pacientes tlaxcaltecas con enfermedades renales.

Anabell Ávalos, la candidata de Unidos por Tlaxcala, para atacar el problema de la contaminación propuso la creación de una secretaría y una procuraduría del medio ambiente.

En una muestra de sensatez la candidata de Unidos por Tlaxcala resumió en una especie de antología los grandes males que aquejan a esa entidad y presentó puntualmente soluciones para enfrentar las más adversas circunstancias de la contaminación y los daños al medio ambiente y sus ecosistemas.

Anabell quien fue la primera de las candidatas de Tlaxcala en presentar su declaración 3 de 3 se mostró tal cual es a sabiendas de que el político nace con determinado temperamento y sobre éste forma su carácter. El temperamento es genética, y el carácter es cultura.

Desde el primer momento en que fue postulada como candidata de la alianza Unidos por Tlaxcala, Anabell convocó a un equipo de trabajo que de inmediato se puso a trabajar en cada uno de los segmentos de las políticas públicas respecto a los problemas del estado. Para ello se comenzó a preparar desde muy joven.

En cambio su adversaria, Lorena Cuéllar fue una niña rica –cuyos parientes fueron gobernadores que se despacharon con la cuchara grade como lo hacían los políticos en los viejos tiempos de los cacicazgos–. La de Morena fue una adolescente precoz a quien los colegios le parecían asfixiantes. Experta en inevitables fracasos, terminó por ensombrecer y destrozar su alma. Desde su primera juventud la persigue los naipes, el alcohol y otras sustancias, lo mismo que la amargura y el desprecio nunca disimulado por los demás. La ambición por el poder siempre ha sido una constante en su existencia. Ha sido tenaz. Ha brincado de partido en partido en busca del poder.

Lorena Cuéllar jamás ha presentado su declaración patrimonial. Siempre ha escondido su riqueza. Es alérgica a la transparencia. En Morena –desde el presidente Obrador hasta el más modesto empleado administrativo– la palabra transparencia les provoca urticaria.

¿Por qué Lorena Cuéllar se opone a presentar un informe de su riqueza patrimonial? Por lo menos que la hagan un doping. Sería lo más prudente.

Pero como Lorena Cuéllar en Morena todos le tienen pavor a la transparencia.

Obrador alegaba que la “verdadera” lucha contra la corrupción sólo podría iniciar “con un cambio de régimen”. Pero desde que llegó al poder su gobierno se ha caracterizado por la opacidad y la corrupción. Más del 90 por ciento de los contratos del gobierno se han otorgado mediante contratos directos, la ley de adquisiciones y la transparencia son letra muerta.

Cuando presentó su declaración 3 de 3 Obrador deja abierta una serie de preguntas sin respuesta. Uno de los propósitos principales de la publicidad de la declaración patrimonial es poder dar un seguimiento de la evolución patrimonial de los funcionarios. En el caso de Obrador se denota un proceso de involución patrimonial, en el 2004 tenía 3 casas, un departamento y un terreno, con un valor agregado cercano a los 2 millones de pesos. Para 2016, donó todo a sus hijos y no tiene nada. Ahora como presidente solo carca un billete de 200 pesos en su cartera. (https://lopezobrador.org.mx/2016/08/10/presenta-amlo-ley3de3/)

Por ley se debería exigir una versión pública de los documentos que presentan los políticos que asumen cargos públicos para tener una idea real del patrimonio y los intereses de los funcionarios.

Lo malo es que con la llegada de la cuarta transformación aumentó la falta de transparencia y la discrecionalidad.

En 2015 como parte del Sistema Nacional Anticorrupción se comenzó por primera vez a exigir la declaración 3 de 3 (patrimonial, fiscal y de intereses).

En 2018 se bahía acordado que para el periodo electoral de 2021, TM y el IMCO fortalecerían la exigencia ciudadana desde los estados del país. Reconociendo el liderazgo de las instituciones, colectivos y organizaciones civiles, académicas y sociales, para que cada entidad tuviera su propia plataforma para recibir las declaraciones de quienes presenten una candidatura a puestos de elección popular con los formatos aprobados por el Sistema Nacional Anticorrupción.

Por desgracia, el gobierno de Obrador he echado por tierra los avances anticorrupción.

Eso explica por qué candidatos de Morena como Lorena Cuéllar se burlan de las leyes y de los ciudadanos. ¿Qué ocultan? ¿Por qué se niegan a transparentar sus riquezas?

Anabell Ávalos ha dado una muestra de civilidad al presentar su declaración 3 de 3 en un afán de transparentar su vida pública.

¿Acaso es mucho pedir esa mínima información a quienes aspiran a gobernar?