El regreso de Lord Tlatoani Peña Bebé

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Xóchitl Patricia Campos López

La polarización generada por los temas álgidos de la Cuarta Transformación ha dejado clara la división social de los mexicanos, así como el enanismo de sus protagonistas. Reza una vieja canción mexicana que “la pobreza se lleva en el alma”, y eso es lo que puede observarse cuando emerge el personaje del justo medio que logra una pacificación, e incluso reencuentro, de los protagonistas.

El rechazo a las propuestas energéticas de Morena reivindicó a Enrique Peña Nieto y, al poco tiempo, el propio Andrés Manuel López Obrador señaló que -aún cuando lo considera un personaje corrupto de gran categoría- le guardaba cordialidad al expresidente porque no se había sumado al fraude que buscaban los empresarios de la ultraderecha y la tecnocracia neoliberal.

Luego entonces, Peña Nieto podría aspirar a la presidencia de la república para apaciguar a los extremos políticos y la polarización radical que se aproxima, ni duda cabe que el personaje es bueno para los bomberazos y lo demuestra cotidianamente. Desde luego, por interpósita persona, es decir, el gobernador mexiquense Alfredo del Mazo. Todo mundo sabe que ambos personajes se avienen al temible Grupo Atlacomulco.

Lo que sorprende es la cantidad de simpatizantes en la clase política que tiene Enrique Peña Nieto, aún cuando se habla de la desaprobación popular que impulsó su trayectoria. Esto puede evidenciar la enorme representación e influencia que tiene el cacicazgo, particularmente del Grupo Atlacomulco, en la sucesión presidencial de 2024.

El Grupo Atlacomulco es uno de los principales protagonistas de la Nomenklatura que sabotea la modernización de México, la estirpe caciquil que los distingue ha generado el espacio de profundas contradicciones socioeconómicas que caracteriza al Estado de México (entidad donde el PRI lleva gobernando más de 90 años). Peña Nieto había sido uno de los peores gobernadores, su entidad mantenía indicadores anómicos en todos los sentidos y, a pesar de ello, fue electo Jefe de la Nación.

El sexenio de Peña Nieto ha sido uno de los más corruptos e impunes en la historia nacional y, sin embargo, difícilmente puede creerse la no aceptación social o rechazo que se le atribuía. Lo aceptaba la clase política y el pueblo porque no hay un mejor representante del ethos cultural mexicano. Al darle la mínima concesión a su figura, se asimila lo que viene en paquete.

Álvaro Delgado había señalado que también existía un amasiato entre Morena y el Grupo Atlacomulco, dado que no se han ajustado cuentas con el personaje de marras. Lo que también constituía una promesa de campaña.

El problema del caciquismo no es su autoritarismo sino su elevado nivel de corrupción, delincuencia y patrimonialismo. Esta forma de organización social es la verdadera rémora que genera atraso y subdesarrollo y, a pesar de todo, el Atlacomulco es el Pedro Páramo que tiene el oficio político para manipular el faccionalismo que nos distingue. No hay nación en México, en México sólo hay caciques.